CURIOSIDADES SOBRE LA LENGUA CHINA (II). Por Cristina Platero García.

19.09.2017 15:35

            

 

            Haciendo en esta ocasión un repaso histórico acerca de la lengua china y su escritura, de las cuales ya hablamos con anterioridad en otro artículo (Curiosidades sobre la lengua china. Parte I) diremos que los primeros caracteres chinos los podemos encontrar en los llamados “huesos de los oráculos”, datados del siglo XVIII a.C.

            Aquellas inscripciones sobre bronces rituales y huesos revelan que los chinos, a través de la espatulomancia (artes de adivinación y de magia a través del uso de los huesos), generaron un alfabeto, en una época tan remota que es inteligible para nosotros, nacida sin injerencias externas, sólo como representación pictórica de lo que aquellos magos veían (aspecto que ya se comentó en la primera parte del artículo).

             Durante la dinastía Zhou, ( chino: 周; Wade-Giles: Chou; pinyin: Zhōu) que se extiende en el tiempo desde el 1122 (¿?) al 256 a.C., los caracteres chinos ya habían evolucionado. Es la tercera dinastía en la historia tradicional china y en ella florecerían las artes y técnicas ornamentales, así como la literatura clásica a través de las obras de Confucio. La dinastía Zhou fue la última de las grandes dinastías de reyes anteriores a las dinastías imperiales.

            Con la dinastía Qin (chino: 秦朝, Wade-Giles: Ch'in, pinyin: Qín), comprendida entre 221-206 a.C., la lengua fue normalizada por el que sería el primer emperador de China: Chin Huang-ti, o Qin Shi Huang, y uno de los posibles orígenes del topónimo del país. Este emperador estableció aquello que se ha llamado “caracteres de sello pequeño”, los cuales todavía hoy, más de 2000 años después, se encuentran en uso.

            La escritura china ha permitido desarrollar un arte caligráfico importante, que exige, no solo un buen dibujo, sino que también ha de decir el máximo con el mínimo número de caracteres (algo que también pudimos aprender con la parte I del artículo).

            Una de las grandes contribuciones de China a la civilización mundial fue la invención del papel, que en un principio se hacía a base de corteza de árbol, cáñamo, trapos y redes de pesca desechados. Según la tradición histórica, se inventó hacia el año 105 d.C., pero no sería hasta el 750 cuando el secreto oriental acerca de la fabricación del papel se desvelaba en el Asia Occidental para pasar de ahí a Europa.

            Este vendría junto con los conquistadores árabes, por lo que el suelo peninsular fue punto de vanguardia en la fabricación del papel. El primer taller europeo estuvo en Córdoba hacia el 1036, seguido por otro de notable referencia en Xàtiva, en el año 1144. A Italia llegaría un siglo más tarde, bien a través de España o bien de Sicilia, entre el 1275 y 1276, donde el pueblo de Fabriano aún es famoso por la fabricación de sus papeles elaborados manualmente, y tras más de siete siglos cuenta con una marca registrada homónima especializada en material artístico. El lector curioso puede conocer más acerca de la historia del papel a través del link colocado en el apartado de Fuentes. 

            La pintura y la literatura en China siempre han guardado una estrecha relación. El mismo pincel que había servido durante largo tiempo para pintar también se usaba como instrumento para escribir. De ordinario, los artistas pintaban sobre seda, en rollos verticales u horizontales. Algunos de los rollos horizontales tenían gran longitud, lo que confería una nueva dimensión a la apreciación de la pintura: al ser lentamente desenrollados, el espectador sentía la impresión de movimiento por medio del paisaje.

            En el año 960 se establecía una nueva dinastía en China, la de los Song (chino: 宋朝; Wade-Giles: Sung Ch'ao; pinyin: Sòng Cháo), que se alargaría hasta el último tercio del siglo XIII. Se diferenciaron de la dinastía anterior porque se propusieron unificar el país. Los emperadores Song renunciaron a las virtudes militares y compraron la paz mediante el pago de un tributo a los bárbaros del norte. Para hacer más eficaz su administración, los Song la pusieron sólidamente en manos de burócratas que habían entrado al servicio del Gobierno: los mandarines.

            La idea fundamental de los exámenes de burócratas estribaba en el convencimiento de que una profunda formación a base de clásicos confucionistas había de producir hombres virtuosos, aptos del todo para las funciones de gobierno. El país se acostumbraría de tal manera al sistema burocrático que los hombres empezaron a considerar a los dioses como parte integrante de una especie de cuerpo de la administración pública. Se pensaba realmente que las deidades menores estaban sometidas al emperador, que este podía ascenderlas o degradarlas, y que los seres humanos dignos eran elegidos, tras su muerte, para el desempeño de puestos celestiales.

            El auge alcanzado por la cultura durante el periodo Song se vio favorecido por el uso de la imprenta, que comenzó a usarse en China por aquellos años. Los orígenes del invento que daría el giro copernicano al devenir de la cultura europea, a de atribuirse pues a la maestría china, a través del modelado del jade y otras piedras duras, que perfeccionó  la práctica de cincelar los caracteres de los sellos empleados en la estampación de documentos. Aquello ya se llevaba practicando desde los tiempos de la dinastía Han, siglo II d.C., cuando por dirección del Gobierno se grabó una edición oficial sobre planchas de piedra de los clásicos confucionistas.

            Se cayó pronto en la cuenta de que los caracteres tallados podían reproducirse muchas veces si se les aplicaba tinta y se les presionaba seguidamente sobre el papel. Todo lo que se requería era impregnar de tinta los caracteres para una nueva copia.

            Sin embargo, más tarde llegaría la madera. El arte de imprimir a partir de ella se desarrolló, en primer lugar, en monasterios budistas, y el libro impreso más antiguo que se conserva de fecha fidedigna es un texto budista: El Diamante Sutra, impreso en China en el año 868 d.C. La pericia budista en estas técnicas surgió de la creencia de que la mera repetición de las oraciones tenía un gran valor religioso, con lo que cualquier artefacto que pudiera repetir en abundancia aquella letanía sería beneficioso para la humanidad.

            Pero, pese a que el revolucionario medio de impresión chino estaba ya bien establecido, se le atribuía poco valor, pues por el contrario la imprenta era vista como un medio barato y provisional, muy inferior al dignificado grabado en piedra de la tradición confucionista. A pesar de todo, su desarrollo continuó y el paso siguiente sería la invención de los tipos móviles. Con aquella mejora no se necesitaba ya un juego de bloques concreto (o negativo para la estampación) para cada nuevo libro.

            No obstante, para la cultura china, la invención de la imprenta no resultó con la misma trascendencia que para el mundo occidental. Los miles de caracteres chinos no agilizaban nada las tareas de impresión.            

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

- Breve historia del papel, http://iconio.com/ABCD/B/toc.htm

- Historia Universal, Tomo 3, La Antigüedad: Asia y África. Los primeros griegos; China primitiva; VV.AA., Salvat Editores, S.A., 2004.

- Historia del Hombre, 2 millones de años de civilización; VV.AA., Readers Digest, 1979.