DE LA EDAD DEL BRONCE A LA DE HIERRO EN CANAÁN. Por Esteban Martínez Escrig.

18.04.2017 23:44

                

                La franja que iba del Mediterráneo al río Jordán, de la península del Sinaí a las puertas de Siria, fue conocida con el nombre de Canaán. Su nombre se ha asociado con el del nieto de Noé, pero la filología hebrea ha traducido cananeos como mercaderes.

                Lo cierto es que desde antes del 9000 antes de Jesucristo se verificó allí un importante desarrollo social de la mano de la adopción de la agricultura y de la ganadería. Florecieron importantes núcleos de población, como Jericó, y la artesanía y el comercio sentaron sólidas raíces. Dividida en una serie de poderes políticos, tuvo que enfrentarse a distintos movimientos de pueblos nómadas (como los semitas del 3000 antes de Jesucristo) y a la rivalidad de las grandes potencias de cada momento, lo que incidió poderosamente en su evolución histórica.

                A comienzos del siglo XIII antes de Jesucristo el Imperio Nuevo de Egipto y el Neo-hitita se enfrentaron por su dominio. En la gran batalla de Qadesh (-1274) se impuso el primero, bajo el mando del faraón Ramsés II. Su sucesor Ramsés III (1184-1153) se enfrentó a gentes que invadieron Canaán y el mismo Egipto, los llamados Pueblos del Mar, que se han asociado con los bíblicos filisteos.

                Tal situación favoreció la fragmentación política, una vez más, alrededor de ciudades fortificadas. En el Norte de Canaán el poder de los monarcas de Jasor o Hazor pasó por momentos muy comprometidos, al Septentrión del mar de Galilea. En la planicie del Norte cananeo tuvieron gran importancia las urbes de Meggido y Betshan, y en la región montañosa occidental las de Maceda y Eglón. En el Sur los núcleos de Gazer y Jerusalén descollaron. En un Néguev un tanto más lluvioso que el presente, fortalezas como Bersheeba (dependientes de la autoridad de los reyes de Arad) podían cerrar el paso desde el Sinaí y Egipto.

                El punto de concentración más importante de los nómadas en el Sinaí era el fértil oasis de Kadesh Barnea. Muy posiblemente allí se dieron cita las gentes que terminarían configurándose como los hebreos. Al encontrarse la línea defensiva de Arad, tuvieron que acceder a Canaán dando la vuelta hacia la ribera del Jordán, en el área de Jericó, Moab.

                Los hebreos irrumpieron en Canaán a lo largo del siglo XIII antes de Jesucristo en varias oleadas. Una primera se asentó en la serranía con centro en Siquem, donde se le incorporaron elementos de la población precedente. Las siguientes conquistas, de las que se da cuenta en el Antiguo Testamento, han dejado a veces testimonio en el registro arqueológico. Se ha sostenido que los hebreos ocuparon inicialmente territorios entre ciudades que se resistieron a la conquista.

                Tales movimientos de población coincidieron con el paso del Bronce Final al Hierro. Este mineral era más fácil de encontrar y de trabajar en muchas regiones, lo que facilitó el fortalecimiento de núcleos políticos locales. En la dividida Canaán los filisteos dispusieron de armas forjadas en hierro, pero al parecer los hebreos tuvieron más dificultades. Algunos historiadores han sostenido que éstos eludieron con relativa frecuencia el choque directo con aquéllos, provistos además de buenos carros de combate al modo del Próximo Oriente. Lo cierto es que a medio plazo la adopción de los instrumentos y útiles férricos por los hebreos facilitaría su asentamiento en los enclaves montañosos y en otros terrenos. El hierro y los hebreos cambiaron desde entonces la Historia de Canaán.