EDWARD MORDRAKE Y SU VOZ INTERIOR. Por Víctor Hernández Ochando

01.11.2014 09:12

    Muchas series de televisión americanas que comienza en el otoño preparan un capítulo especial para Halloween. Todas buscan una situación con la que los personajes lo celebren de cualquier manera. Desde comedias que lo celebran con un apocalipsis zombie al son de ABBA, hasta series de terror, como es el caso de American Horror Story que se ha consagrado como una de las mejores series de la actualidad.

    En esta serie se han dedicado dos capítulos en la 2ª y 4ª temporada a un personaje histórico que desvirtúan de su contexto histórico e introducen en la trama. En la segunda temporada nos encontramos ante Ana Frank, que consiguió escapar a América pero acaba ingresando en el manicomio donde se desarrolla toda la temporada.

    Este año se ha estrenado su 4ª temporada titulada “Freak Show” en la que un circo ambulante dirigido por Elsa Mars (Jessica Lange) se establece en la aldea de Júpiter (Florida) coincidiendo con la aparición de un misterioso asesino que atormentará a los habitantes. El tercer y cuarto capítulo giran en torno a un personaje monstruoso, Edward Mordrake.

    Edward Mordrake fue un joven de una familia de alta cuna en la Inglaterra del siglo XIX. Era buen estudiante, tenía dotes musicales y era apuesto. Lo tenía todo para tener una vida feliz, pero alguien se lo impedía. Su hermano era el responsable de su tormento. Aunque en realidad no llegaba a ser su hermano, sino una cara que estaba en su nuca. Este hermano parásito no hablaba, no comía, pero miraba a la gente, movía los labios y a veces reía trágicamente y otras lloraba desesperadamente.

    Edward desconocía sus pensamientos y razones, pero una voz interior no paraba de hablarle constantemente. Al principio aquella voz era lejana y decía cosas sin sentido, pero con el paso del tiempo se convirtió en su conciencia. Desesperado, Edward visitó a los mejores neurocirujanos que había en Inglaterra. Todos contemplaban con asombro a su diabólico hermano, pero nadie se atrevía a hacerle una cirugía tan arriesgada.

    Nada podía hacer callar a su hermano, por lo que decidió encerrarse en su habitación. Una mañana lo encontraron muerto sobre la cama tras haberse disparado en el pecho. Se dice que el rostro de Edward reflejaba la amargura completa, mientras que su hermano tenía los ojos cerrados y una siniestra sonrisa.

    La comunicación oral engrandece en exceso lo macabro y acaba por deformar la historia verídica sobre este curioso personaje en una leyenda inverosímil. Edward Mordrake podría haber llevado una vida tranquila y feliz si hubiese nacido un siglo más tarde y haber podido someterse a una operación al igual que Chang Tzu Ping, un hombre chino que en la década de 1980 fue a Estados Unidos y se le pudo extraer con éxito el hermano parasito que llevaba en el lado derecho de su cara.

    Imagen de Pascual Piñón, un hombre mexicano del siglo XX que trabajó para el circo de Barnum and Bailey, al que obligaban a pintarse un rostro en su cráneo superpuesto.