EL CABALLO UNCIDO AL CARRO HITITA. Por Remedios Sala Galcerán.

20.12.2014 12:12

                

                La vida de los humanos ha determinado notablemente la del resto de las especies de animales, pero determinados animales también han influido extraordinariamente en las sociedades humanas. Los équidos nos han aportado elementos de gran valor en la tracción, el transporte y el prestigio. En la guerrera Edad Media el jinete se convirtió en el prestigiado caballero que coronaba el edificio social. Los sacerdotes fueron víctimas de sus depredaciones, y optaron por sacralizarlo como bien ha apuntado desde estas mismas páginas James Really.

                No conocemos a ciencia cierta cómo los caballos fueron domesticados por los pueblos ganaderos de la antigüedad, que consiguieron un extraordinario auxiliar en la custodia de sus rebaños y en la caza de otras especies más bravas. A título de ejemplo comparativo recordemos la trascendencia de la introducción del caballo entre los amerindios de la América del Norte, que afrontaron con mayor determinación las cacerías de bisontes y la ocupación de las Grandes Llanuras.

                C. W. Ceram se hizo eco de un descubrimiento notable de la arqueología. En la ciudad hitita de Hattusas, cercana a la turca Bogazköy, se descubrieron en unas tablillas de arcilla un texto de unas mil líneas en las que se describía con ampulosidad la cría de los caballos. Se ha datado hacia el año 1450 antes de Jesucristo aproximadamente.

                El texto está redactado en el idioma de los hititas, uno de los pueblos imperiales del Creciente Fértil. El criador Kikkuli, procedente del país de Mitanni, apunta que se requieren unos siete meses para adiestrar al équido. El experto en cuestión era hurrita y empleaba palabras en lengua sánscrita. Procedía del mundo de los reyes pastores de su tiempo.

                Entre el 1600 y el 1400 antes de Jesucristo se produjeron importantes acontecimientos en el Oriente Próximo. Las civilizaciones de Mesopotamia, el Levante y Egipto se enfrentaron a la llegada de nuevos pueblos de origen nómada y dedicación agro-pastoril que modificaron la faz política de sus tierras.

                Los hiksos alcanzaron el delta del Nilo. Los hurritas consiguieron forjar el poder de Mitanni, y los hititas se erigieron en una fuerza imperial. La competencia internacional subió enormemente su nivel.

                Se fomentó la cría del caballo para acrecentar los medios de combate de aquellos poderes, de lo que también tomaron buena nota los egipcios del Imperio Nuevo. Semejantes esfuerzos no se orientaron entonces hacia el perfeccionamiento de la equitación, por lo que sabemos, sino hacia la unción de los équidos al carro de dos ruedas, instrumento de combate mucho más dinámico que los pesados carros sumerios anteriores. En cada carro subían hasta tres guerreros, contando su guía principal, formando poderosos escuadrones capaces de librar importantes batallas.

                En todo caso el caballo quedó subordinado a un terrible destino, el de ser abatido o colisionar brutalmente en un combate sin cuartel. La civilización no siempre se ha orientado por el respeto hacia los animales.