EL GRAN DUELO DE BLINDADOS DE KURSK. Por Mijail Vernadsky.

10.02.2015 15:27

                

                La mayor batalla campal de la II Guerra Mundial lleva el nombre de la ciudad ucraniana de Kursk, donde 900.000 soldados, 2.700 carros de combate y 2.000 aviones del III Reich midieron sus fuerzas con 1.336.000 soldados, 3.444 blindados, 2.900 aviones y 19.000 cañones de la URSS.

                La costosa victoria en Stalingrado incitó a Stalin a lanzar sus fuerzas contra los alemanes por distintos puntos, alcanzando los soviéticos la cuenca industrial del Donetz.

                Pero tras la galopada los soviéticos se encontraban exhaustos y Von Manstein lanzó un intenso contraataque, capaz de recuperar el Donetz en marzo de 1943. En manos soviéticas sólo quedó el saliente de la ciudad de Kursk.

                Con sólo 2.500 blindados en mayo, los alemanes optaron por la defensiva, la operación Ciudadela. El propio Hitler, alicaído por la derrota de Stalingrado, enfrió hasta julio los afanes ofensivos de Von Manstein, que no quería dar a los soviéticos oportunidad de reforzarse.

                Conscientes del peligro, los soviéticos no esperaron la embestida en forma de tenaza de los alemanes desde su guarida. De todos modos Stalin siguió la recomendación de Zhukov de aguardar el ataque alemán preparando a conciencia el terreno, disponiendo una importante fuerza de reserva de dos ejércitos de infantería, uno de blindados y otro de aviación a distancia prudencial. Los civiles ayudaron a fortificar la ciudad de Kursk con minas y toda clase de obstáculos.

                El vehículo blindado soviético T-34 resultaba inferior a los Tiger y los Panther alemanes, pese a las mejoras en su sistema de comunicaciones por radio. Los nuevos aviones de bombardeo y los ataques sorpresivos serían de gran ayuda a la hora de neutralizarlos.

                Los soviéticos esperaron con gran impaciencia la acometida alemana. La captura de un soldado alemán les permitió saber que en la madrugada del 5 de julio tendría lugar el ataque. Entonces abrieron fuego los cañones soviéticos, cuando los alemanes se pusieron en movimiento.

                Los alemanes emprendieron su marcha con gran vigor por Orel en el Norte y Belgorod en el Sur, pero encontraron una tenaz resistencia. Los soviéticos les bombardeaban desde el aire en picado en una lucha sin cuartel entre dos enemigos que se habían estudiado profundamente entre sí.

                En el extremo meridional los alemanes lograron mayores avances, marchando en vanguardia las combativas divisiones acorazadas de las SS. Cruzaron el 9 de junio el río Psel. Decidieron no proseguir según lo previsto hacia el Norte, sino hacia el Este para tomar Projorovka en el camino de Kursk.

                                                    

                Los soviéticos movilizaron con furia sus reservas bajo un calor riguroso. 12 de julio la batalla alcanzó su culmen, cuando llovió torrencialmente y se alzaron fuertes vientos. Los alemanes desistieron finalmente de la conquista de Projorovka y se replegaron. Habían perdido la decisiva batalla.

                En agosto de 1943 frente a los 2.500 blindados alemanes se desplegaban 8.000 soviéticos en el Frente Oriental. El dominio de Ucrania se abría a los soviéticos y el III Reich se tambaleaba seriamente. Kursk fue una batalla decisiva para la Historia y una gran lección de historia.