LA GUARDIANA DEL RIN, LA FLOTA GERMÁNICA DE LOS ROMANOS. Por Carmen Pastor Sirvent.

28.12.2014 10:10

                

                Entre el 12 antes de Jesucristo y el año 16 de la Era Cristiana emprendieron serios esfuerzos para someter Germania a su imperio. El desastre de Varo ante los germanos resultó aplastante, pero Julio César Germánico comandó entre el 14 y el 16 minuciosas campañas entre los Países Bajos y Renania de carácter anfibio, empleándose naves de guerra tanto en el Rin como en el mar del Norte. Los emperadores romanos decidieron finalmente no marchar hacia el corazón del territorio germano, pero crearon una importante fuerza naval llamada a perdurar hasta comienzos del siglo V, la flota germánica.

                Esta armada llegó a coordinarse con la británica del Mar del Norte en los grandes movimientos de fuerzas de los romanos en el canal de la Mancha, si bien ganó decididamente protagonismo su carácter de fuerza de patrulla y protección del Rin hasta su desembocadura, fortaleciendo el límite imperial ante las acometidas invasoras.

                Al principio se encontró bajo el mando de un prefecto dependiente del gobernador provincial, auxiliado por un subprefecto con sus hombres de confianza, ubicándose su base principal en Colonia. Otros puntos de interés de la flota fueron Utrecht, Estrasburgo, Bonn, Coblenza o Maguncia. La gran longitud del Rin aconsejó una defensa más práctica y sectorial, capaz de pararles los pies a los invasores con mayor eficacia que una armada concentrada con dificultad. Se crearon escuadrillas de naves dirigidas por tribunos, bien coordinadas con puntos fortificados próximos, complementándose la defensa terrestre con la fluvial con acierto.

                Cada nave estaba comandada por un oficial o trierarca, auxiliado por sus suboficiales. La tripulación se componía de remeros e infantes de marina, cuyo bienestar se cuidaba más que el de los propios legionarios según atestiguan ciertos hallazgos arqueológicos. No en vano debían de servir en el cuerpo hasta 26 años, frente a los 25 como máximo de los legionarios. A diferencia de las tropas terrestres, cada vez más germanizadas, las de la flota eran mayoritariamente del Oriente griego. Cuando se licenciaban recibían la gratificación de los honores y del lote de tierras, además del permiso legal de matrimonio. A veces la carencia de infantes de marina en ciertas operaciones obligó a embarcar a los legionarios.

                La flota germánica dispuso de una gran variedad de naves, llegando a juntar en la moderna Kiel hasta mil durante las campañas de Germánico. Encontramos lanchas de desembarco de fondo de quilla plano, particularmente aptas para las operaciones anfibias, y naves de transporte capaces de acarrear hombres, caballos y víveres. De todos modos descolló en esta flota el birreme o liburna de origen ilirio, que tan buenos resultados rindió a los piratas de aquel rincón mediterráneo. Con 21 metros de eslora, más de 3 de anchura y un calado que apenas alcanzaba los 0´7, era una nave de gran maniobrabilidad y especialmente mortífera, atendiendo a su ariete de proa.

                A partir del siglo III, superado el grave desorden político-militar de la centuria, los romanos dieron buena muestra de su capacidad de organización en el límite renano primando las virtudes de su flota germánica. Las escuadrillas sectoriales de pequeñas y contundentes naves ganaron protagonismo, ayudando a conseguir importantes victorias todavía. A principios del siglo V, sin embargo, la desorganización imperial alcanzó a tales defensas fluviales, lo que alentó a los invasores. Los buques del Rin acreditan sobradamente que la Roma Occidental murió apuñalada por los propios romanos.