EL SEÑOR DE TESALIA, JASÓN EL TIRANO. Por José Hernández Zúñiga.

01.08.2016 12:01

                

                Entre los antiguos griegos Tesalia era una tierra famosa por la abundancia de sus cereales, que vendía con gran beneficio. A su socaire crecieron ciudades como Larisa o Farsalia, donde se establecieron artesanos.

                En el siglo V antes de Jesucristo emergió una sociedad nueva, cada vez más distanciada de la tradicional dominada por los grandes linajes aristocráticos, capaces de poner en el campo de batalla imponentes fuerzas de caballería.

                Su dominio fue contestado por recién llegados y arrendatarios casi adscritos a los terrazgos. Un discípulo de Sócrates, Critias, participó en estos movimientos de protesta, que tuvieron especialmente éxito en la ciudad de Feres.

                Allí se impuso hacia el 390 antes de Jesucristo una tiranía, un régimen autoritario dirigido contra los viejos dominadores, como la dinastía de los Aléuadas que se decía descendiente del mismo Heracles y controlaba el Norte de Tesalia. Licofrón se alzó con el poder, pero fue su hijo Jasón el que llevó al culmen este régimen tiránico.

                Muy admirado por sus cualidades físicas e intelectuales, Jasón conquistó el Mediodía tesalio y se hizo proclamar tagos o protector de Tesalia. Puso en pie un ejército a la par cívico, integrado por los arrendatarios liberados de la aristocracia, y mercenario compuesto por unidades de caballería, infantería pesada y ligera. No desdeñó en equipar una armada y concibió someter Macedonia a su férula e incluso en emprender una campaña contra el imperio persa.

                Por de pronto se enfrentó a la hegemonía espartana sobre la Grecia y se alió con Atenas y Beocia, a la que impidió apurar su victoria en Leuctra sobre los espartanos en el 371 antes de Jesucristo. Al año siguiente el ambicioso Jasón cayó bajo una conjura. Su sobrino Alejandro no acertó a ser obedecido, pese a la represión, y los adversarios de la aristocracia volvieron a la carga en una Tesalia desgarrada y convertida en el punto de mira de otras ambiciones, como las de una Macedonia que comenzaba a despegar con fuerza en el mundo helénico. El periplo de Jasón muestra la frágil grandeza de su poder, flanqueado por demasiadas contradicciones.