FEDOR DOSTOIEVSKI. MEMORIAS DE LA CASA MUERTA. Por Pedro Montoya García.

18.07.2017 16:29

 

 

Un grande de la literatura universal: Los hermanos Karamavoz, El idiota, Crimen y castigo…, sobran elogios y cientos se han escrito sobre su genialidad, pero por encima de cualquiera de sus obras más conocidas, el recuerdo que guardo es una novela basada en una de las terribles desdichas que sufrió en su vida azarosa: la sentencia a muerte primero y el posterior reclutamiento a trabajos forzosos en una cárcel de Siberia. Desgracia que reflejó en la obra traducida al castellano como: Memorias de la casa muerta.   

Es el primer párrafo, así inicia la novela con el primer capítulo de título La Casa Muerta:

Nuestro presidio estaba situado en un ángulo de la ciudadela; detrás de los baluartes. Si se mira por los intersticios de la empalizada con la esperanza de ver algo, no se divisa otra cosa que un jirón de cielo y otro baluarte de tierra cubierto de altas hierbas de la estepa. Día y noche, constantemente, lo recorren en todas direcciones los vigilantes y centinelas, y el que mira se dice así mismo  que transcurrirán así años y años, mirando siempre por la misma hendidura y viendo el mismo baluarte, los mismos centinelas y el mismo jirón de cielo, no del que se extiende sobre el presidio, sino de otro cielo lejano y libre.

No es tan sólo la imagen, la fotografía a través de los ojos de un presidiario de Siberia, es mucho más: la descripción del sentimiento de libertad a través del alma humana. Los ojos contemplan el mismo jirón de cielo, el alma contempla otro cielo lejano y libre.

Continúa el siguiente párrafo:

Figúrense un gran patio de doscientos pasos de largo por ciento cincuenta de ancho, rodeado de una empalizada hexagonal, irregular, construida con vigas profundamente enclavadas, que forman, por decir así, la muralla exterior de la fortaleza. En un lado de la empalizada, hay una puerta sólida, vigilada constantemente por un cuerpo de guardia, que sólo se abre para dejar paso a los presidiarios que van al trabajo. Tras de aquella puerta se encuentran la luz y la libertad: allí vive la gente libre.

De nuevo, inicia la descripción con una pequeña lista de componentes que podrían conformar cualquier cárcel, haciendo uso de adjetivos para realzar la represión: largo, ancho, sólida, vigilada… Pero, otorgando un toque de descripción genial: en el primer párrafo nos describe desde los intersticios, desde las fisuras, desde las ranuras de las empalizadas, enclaustrado, como apresado en un pequeña celda; en cambio, en el segundo párrafo, desde el otro común denominador de la cárcel: un gran patio; un gran patio como parte del tormento del encierro y tras este, se encuentran la luz y la libertad: allí vive la gente libre. La “Libertad vive fuera” descrita en el alma del paisaje y “Libertad vive dentro de la cárcel” en el interior del alma del personaje.

Con el tercer párrafo termina la introducción de su obra:

Dentro de la empalizada no pensaba en aquel mundo que para el condenado tiene algo de maravilloso y fantástico como cuento de hadas; no era así el nuestro, excepcionalísimo, que no se parecía a ningún otro. Aquí, los usos, las costumbres y las leyes especiales que nos rigen, son excepcionales, únicas. Es el presidio una casa muerta-viva, una vida sin objeto, hombres sin iguales.

Este es el mundo que me propongo describir.

La atención del lector ya está ganada, tras leer: Este es el mundo que me propongo describir, no precisaríamos más descripciones de la cárcel, del personaje, de sus sentimientos, ya las tenemos transmitidas… Ahora necesitamos saber qué sucederá en esa cárcel, quiénes son los otros presos, qué aventuras lidiaran entre ellos, entre los guardias… y sobre todo, si alcanzará la libertad, si el personaje traspasará esa puerta y tras ella qué sentimientos describirá... Entramos en un mundo nuevo al que hemos sido hechizados en unas pocas líneas y sin darnos cuenta.

Para saber qué sucederá, nada mejor que su lectura…  

 

 

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