LA ASFIXIANTE CARRERA ARMAMENTÍSTICA RUSA. Por María Berenguer Planas.

30.08.2014 14:13

                

                Una vez finalizada la gran guerra del Norte en 1721, el zar Pedro el Grande impuso la tabla de rangos para sistematizar el servicio militar de los nobles, ya que Rusia se había convertido definitivamente en una gran potencia en el escenario europeo derrotada la Suecia imperial. Las fuerzas armadas rusas no dejarían de crecer hasta las guerras napoleónicas.

                Si en 1781 el 34´3% del presupuesto imperial se destinaba a tal fin, en 1814 alcanzaría el 61´2%, según datos de Walter Pintner. El uso y abuso del papel moneda alimentó peligrosamente el gasto, que saltó de los nueve millones de rublos en 1763 a los doscientos en 1820. La construcción de fortificaciones agravó el problema.

                Los impuestos subieron. El obrok o carga sobre los días de trabajo de los siervos se multiplicó por diez entre 1761 y 1815. Las tasas sobre el alcohol arrancaron 850.000 rublos en 1724 y 15.000.000 en 1790. Mientras que en 1724 el 19% de la población imperial, mayoritariamente campesina, se encontró afectada por el reclutamiento militar, en 1781 fue el 40%.

                Tamaño esfuerzo planteó no pocos problemas como el del desarrollo bancario y fiduciario, el de los impuestos del clero y el de la producción de armamento. En la factoría de acero de Kolyvan se obligó a trabajar a unos 55.000 siervos en 1796. Las condiciones de los grupos más humildes se deterioraron a impulsos de la política de armamentos, y la amenaza de rebelión asomó en el horizonte, lo que parece ser una constante del Estado ruso (zarista, soviético o presidencialista) a lo largo de su Historia.

                Para entender cabalmente la estupidez de tales políticas recomendamos vivamente la obra que coordinara Christopher Storrs The Fiscal-Military State in Eighteenth-Century Europe. Essays in honour of P. G. M. Dickson, Surrey, 2009, Ashgate Pin.