LA AUTORIDAD ESCLAVA DE LOS SAQÁLIBA ANDALUSÍES. Por María Berenguer Planas.

01.08.2015 00:11

                La conquista musulmana no invalidó el esquema de esclavización de poblaciones enemigas y de concertación de lazos de dependencia individual con aquellos que quisieron acercarse a los conquistadores.

                

                Sin embargo, los musulmanes pusieron en pie en distintos lugares, no sin pocas dificultades, una autoridad fuerte y con pretensiones de ser obedecida. El Al-Andalus omeya ejemplificó esta tendencia.

                    

                Los linajes aristocráticos y los localismos lo pusieron en riesgo, de tal manera que se requirieron nuevos servidores más allá de los círculos más usuales familiares. El precedente de los libertos imperiales de Claudio quedaba muy lejano e incluso corto.

                La gran novedad residiría en la formación de unidades militares de procedencia esclava, la de los saqáliba de origen europeo, los famosos eslavos que acabarían dando nombre a los viejos siervos.

                    

                Convertidos al Islam, los varones más vigorosos, casi al estilo de los gladiadores, recibían instrucción militar para ingresar en cuerpos especializados del ejército del califato de Córdoba. Su condición legal era la de esclavo califal, pero disfrutaban a veces de mayores lujos que muchos hombres libres. Podían tener compañeras y sus hijos podían también encargarse de altas responsabilidades militares. Tal fue el caso de Muyahib de Denia, hijo de un saqáliba.

                El ambicioso Al-Mansur forjó un ejército férreamente disciplinado y altamente combativo integrado por fuerzas eslavas, unidades bereberes, voluntarios andalusíes y mercenarios hispanocristianos, elementos que conservaron su personalidad y que mantuvieron una aguda rivalidad entre sí. A su muerte en el 1002 se combatieron con saña y arrastraron a Al-Andalus a la división de las taifas, impropiamente llamadas reinos.

                        

                Los eslavos dominaron las taifas del Este peninsular particularmente, como la citada de Denia, que bajo Muyahid controló las Baleares, en las que impuso el control sobre la crianza de caballos con la vista puesta en la conquista de Cerdeña en el 1015.

                Así pues, los saqáliba no formaron un cuerpo militar como el de los jenízaros capaces de condicionar y de deponer a los sultanes, pero sí ejercieron el poder en varios territorios, constituyéndose en un precedente de los mamelucos egipcios en cierta medida.

                Entre los esclavos cristianos que abrazaron el Islam e hicieron una gran carrera política nos encontramos al visir del emir de Granada Ridwan, el Reduán de las crónicas cristianas, que entre 1331 y 1332 lanzó campañas con artillería contra el Sur del reino de Valencia. Esta peculiar esclavitud con dominio público dio pie a que los ambiciosos renegados europeos se encumbraran en el Argel corsario.