LA CREACIÓN SEGÚN LA MITOLOGÍA INUIT. Por Víctor Hernández Ochando

06.08.2015 10:29

    Los inuit o esquimales habitan alrededor de las zonas polares boreales. Practican una religión basada en la magia chamanista, que cuenta con pocos y elementales dioses. Muchos de sus relatos míticos son recuerdos de caza y pesca mezclados con creencias totémicas. Es una religión que dota de animismo a cualquier ser, cosa o fenómeno.

    Los inuit del Ártico central pensaban que la Tierra era como un disco bañado por el mar. En ella existía el mal y una población diferente a los inuit. Cuatro pilares eran los encargados de sostener la bóveda celeste, que formaba otro mundo poblado de animales. Bajo el disco terrestre había otro mundo de menor tamaño, donde no se podía estar de pie y bajo el cual se hallaba otro mundo inferior, igual que el de la tierra y los animales. Un tiempo después, los pilares se resquebrajaron e hicieron que la tierra volcase, al igual que sus habitantes. Un gran diluvio cayó y acabo con cualquier tipo de vida.

    A partir de dos montículos de tierra surgieron los primeros inuit, encargados de la supervivencia de la especie y de crear o traer de otros mundos diferentes animales. En la época que vivían, la tierra estaba sumida en la oscuridad, tampoco había astros en el cielo, ni tormentas ni viento.

    Su alimentación era poco variada y sus técnicas de caza muy deficientes, pero los hombres contaban con el poder de la transformación en animal y viceversa. La sociedad no tenía chamanes y temían a la enfermedad ya que desconocían la manera de protegerse del peligro y el mal. Sin embargo, la muerte no existía y la población inuit fue aumentando poco a poco.

    Estos primeros inuit vivían en un isla en la zona del estrecho de Hudson. Al ser tan numerosos, la isla comenzó a mecerse sobre el mar. La población enloqueció, hasta que una anciana lanzó un hechizo con el cual los humanos se volvieron mortales. Les obligó a hacer la guerra entre ellos y a dispersarse de la zona.

    La aparición de la muerte y la posterior alternancia del día y la noche, permitió a los hombres desarrollar sus conocimientos sobre la caza. También descubrieron que sus casas estaban animadas por espíritus, llenas de vida y que tenían el poder de deslizarse por el suelo si los propietarios recitaban unas palabras mágicas.

    Ahora que no eran tan dependientes de las fuerzas de la tierra, empezaron a usar sus poderes para el mal. Siguieron provocando guerras y rompiendo las normas de convivencia en la sociedad y sus relaciones con la naturaleza. Fenómenos atmosféricos como el trueno o el viento frío del norte eran seres vivos cuya cruel conducta o malos tratos recibidos les hicieron subir al espacio y ayudar en el nuevo orden cósmico de Sila.

    Sila es el dios supremo, que puede ser masculino como femenino y vive en el cielo. Junto a él están la pareja de dioses lunar y solar, aunque la deidad más preocupante para los inuit es Sedna, un dios parecido a Neptuno que reina en las profundidades marinas y es el encargado de la fortuna, la muerte, la caza y la pesca. Tiene una gran importancia ética, porque la maldad del hombre va salando y enmarañando su cabellera hasta que se indigna y no permite la pesca. Es entonces necesario que un chamán descienda con el alma hasta el fondo del mar y le peine hasta desalar y desenredar su pelo.

    La mitología inuit quiere reflejar con la antropomorfización del entorno el orden social que busca, al igual que muchas de las creencias y ritos que organizan. Al ser pequeños grupos de cazadores tratan las relaciones humanas de manera elemental. Según ellos, su mitología es como los productos oníricos: ambos se rigen por un mismo orden, ya que la muerte y los sueños son estados de una naturaleza similar, lo que explica que sus difuntos aparezcan en los sueños.