LA IMPOSICIÓN DE LA AUTORIDAD REAL, LA CONQUISTA DEL MARQUESADO DE VILLENA. Por Carmen Pastor Sirvent.

09.12.2015 06:52

                La construcción de las monarquías autoritarias, como la hispánica de los Reyes Católicos, no solo pasó por el desarrollo de una red de oficiales, sino también por aprovechar sabiamente las contradicciones de la sociedad bajomedieval en su beneficio: la de los magnates negadores de la autoridad del rey pero necesitados de sus rentas y la de la oligarquía de ánimo independiente pero necesitada de su ayuda. El ejemplo de la dominación del marquesado de Villena lo ejemplifica.

                

                En 1475 don Diego López Pacheco, marqués de Villena, reconoció a doña Juana (esposa de Alfonso V de Portugal) como reina de Castilla. Don Diego también era el señor de Xiquena (en términos de Lorca), de Alcaraz y de la Tierra de Alarcón y pretendía las encomiendas de la orden de Santiago en la Mancha y Uclés. La guerra contra doña Isabel y su marido don Fernando de Aragón le abrió la posibilidad de ampliar su poder en aquellas regiones de Castilla y en la Corte.

                En el marquesado de Villena, parte esencial de sus dominios, tenía sometidos a sus concejos o municipios a través de sus alcaides, hombres de su círculo familiar y de su plena confianza, lo que ocasionó el descontento de las oligarquías locales que también pretendían ejercer el poder sin discusión. Doña Isabel las animó a alzarse en contra del marqués.

                

                El adelantado del reino de Murcia don Pedro Fajardo, su rival en el Sureste castellano, fue nombrado capitán mayor para dirigir las operaciones de conquista del marquesado. A sus fuerzas murcianas se sumaron las del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique y las del yerno del adelantado, el valenciano conde de Cocentaina.

                En marzo de 1475 se levantó Jumilla, que quedó bajo la obediencia isabelina gracias a las tropas aragonesas del capitán don Andrés Mateo Guardiola. La intervención de las huestes de los citados magnates en ayuda de los rebeldes puso en severo riesgo el dominio de don Diego.

                Al término de 1475 se sumaron a la rebelión contra él las localidades de Hellín, Tobarra, Ontur y Albacete. Tras la derrota de las fuerzas de Alfonso V en la batalla de Toro (el 1 de marzo de 1476), los más remisos también se alzaron. En Villena una parte significativa de la población tomaron las armas contra el alcaide de la fortaleza y contra muchos prohombres partidarios de don Diego, tachados de judíos. En junio se asedió la fortaleza de Chinchilla y en septiembre el capitán mayor tomaba Yecla.

                Mientras se combatía con las armas en la mano en el territorio, en la Corte se esgrimieron las argucias de la diplomacia. En agosto de 1476 el marqués llegó a un acuerdo con los nuevos reyes de Castilla para recuperar parte de sus dominios y conseguir ciertas rentas en compensación de los perdidos. Sin embargo, ni los concejos alzados ni los nuevos alcaides tuvieron ganas de acatarlo sobre el terreno.

                En 1479 se puso cierto orden a la confusión, tras la ofensiva contra la Tierra de Alarcón del adelantado de Murcia y de su cuñado Jorge Manrique, el afamado poeta que encontró la muerte tras la acción del castillo de Garcimuñoz. Los reyes se reservaron el dominio de Chinchilla, Villena, Almansa, Albacete, Hellín, Tobarra, Yecla, Sax y Ves, mientras el marqués dispuso de Jumilla, Alcalá del Júcar, Jorquera y Xiquena, junto a otras compensaciones económicas.

                Al final la imposición del autoritarismo real cabalgó a lomos del pacto con unos apercibidos y escarmentados magnates y de los intereses de parte de las oligarquías del territorio.