LA NUEVA JERUSALÉN CONTRA LOS ALGONQUINOS. Por Verónica López Subirats.

26.09.2014 20:28

 

                Los disidentes religiosos fueron una de las más afiladas puntas de lanza de la colonización inglesa de las Américas. Descontentos con las políticas conciliatorias de Jacobo I y de su hijo Carlos I en lo religioso, estos fanáticos protestantes huyeron del yugo del faraón en pos de su Tierra Prometida.

                En 1620 desembarcaron en la bahía de Plymouth. Pronto entraron en contacto con los cananeos, las poblaciones amerindias algonquinas que habían padecido una terrible epidemia de origen europeo en 1616-17. Los algonquinos wampanoags no les declararon una guerra sin cuartel. Muy al contrario. Les ayudaron a sobrevivir en su primer invierno, gélido y hambriento, y les enseñaron a cobrar las piezas de caza, descubriéndoles las pistas forestales por donde transitar. Aquella gracia no obedeció a la generosidad proverbial del hombre rojo, sino al cálculo político más elemental, ya que por la preeminencia entre los algonquinos pugnaban los wampanoags con los narragansetts. Los recién llegados podrían decantar la balanza del poder.

                            

                Mientras la viruela consumió en el año del señor de 1634 a los algonquinos, los europeos acrecentaron paralelamente su número, ocupando mayores territorios en lo que se convertiría en Massachusetts. Su aumento vegetativo fue eficazmente auxiliado por la inmigración de nuevas gentes. Los colonos hicieron un claro gesto de poder en 1637-38, cuando derrotaron a los pequots del río Mystic en alianza con los poderosos narragansetts. Los amerindios se interesaron vivamente por las armas de fuego de los europeos, proporcionadas por comerciantes ingleses, franceses y holandeses en plena competencia por el control de las pieles, a pesar que sus flechas resultaban a menudo más eficaces en el fragor del combate en los bosques. Se temió su renovado poder militar, y en 1643 las colonias inglesas del Nordeste americano forjaron una primera alianza o confederación, embrión de futuras experiencias políticas.

                En 1664 los neerlandeses fueron expulsados de su Nueva Holanda por los ingleses, justo cuando el tráfico peletero perdía interés en beneficio del atlántico, muy animado por las capturas de bacalao, el solicitado pan del mar desde el Caribe al Mediterráneo. Ya no eran tan necesarios los cazadores amerindios para los europeos.

                Al morir en 1661 Massasoit, le terminó sucediendo al frente de los narragansetts su segundo hijo Metacom, el altivo e inteligente rey Felipe de los ingleses. Era un varón astuto que sabía bien con quien se enfrentaba. Aceptó en 1671 el tratado de Tauton por el que se comprometía a entregar las armas de fuego a los ingleses, aunque era muy consciente que más tarde o más pronto tendría que combatirlos. De momento los franceses no le sirvieron de contrapeso.

                En 1675 llegó aquel día, cuando en Plymouth se ejecutó a tres de sus leales por matar a un espía. El caudillo algonquino forjó una alianza amerindia, capaz de alzar hasta 12.000 guerreros experimentados. No se expuso en batallas a campo abierto que hubieran favorecido con claridad a sus rivales. Multiplicó su actividad en agotadoras acciones guerrilleras, y asentó sus cuarteles generales en el Gran Pantano, afianzado con murallas y bastiones de raigambre europea. Había tenido tiempo para estudiar detenidamente al enemigo.

                Otro hombre que había observado igualmente con agudeza al rival era el capitán Benjamin Church, que instó a los ingleses a moverse en pequeñas columnas por los bosques y los pantanos. Las hachas les resultarían tan útiles como los mosquetes, y los voraces perros serían sus mejores amigos. Sus tácticas rindieron buenos frutos, y el rey Felipe terminó retirándose. No era suficiente. Lo mataron a traición en 1676 y su cabeza fue expuesta en gesto de triunfo en Plymouth. La Nueva Jerusalén había derrotado a un enemigo encarnizado, abriéndose hacia el norte de Nueva York y Vermont, en busca de nuevos retos.