LA TENACIDAD DE ALFREDO EL GRANDE. Por James Really.

23.05.2015 00:34

                Las conquistas vikingas distaron de ser un paseo militar y los temidos guerreros del Norte tuvieron que vérselas con guerreros como los del reino sajón de Wessex, al Sur de Britania, y hombres tan templados como su rey Alfred, un verdadero don Pelayo de las islas Británicas.

                                                

                En el 871 los ejércitos de los vikingos daneses llegaron a las riberas del alto Támesis, cerca de Reading, donde fueron vencidos por los del reino de Wessex. Los vikingos no se arredraron y dos semanas más tarde se alzaron con el triunfo dando muerte al rey Ethelred.

                Ante la gravedad de la situación su hermano Alfred fue elevado al trono, pero los vikingos lograron penetrar al Sur del Támesis y lo derrotaron en Wilton.

                         

                Necesitados de una tregua unos y otros, Alfred la compró pagando tributo. La aprovechó para construir una armada que atacara a los daneses.

                En el 875 y en el 876 sus experimentados hombres de mar vencieron a los vikingos. La ira del dirigente vikingo Guthrum es desató y en el 878 logró vencer a Alfred en su residencia de Chippenham aprovechando la celebración del año nuevo.

                El rey de Wessex tuvo que acogerse a la protección de las marismas y de los bosques de Somerset, donde lanzó una guerra de guerrillas contra los triunfantes vikingos.

                Allí sobrevivió como pudo, pero en la primavera del 883 fue capaz de lanzar a su ejército contra los vikingos. El antes triunfante Guthrum cayó apresado en su campamento fortificado de Edington, pero Alfredo se mostró diplomático para lograr un acuerdo más sólido con los vikingos, todavía demasiado fuertes.

                Se pactó que al Sur de la línea entre la desembocadura del Dee y la del Támesis dominara Alfred y al Norte los jefes daneses, el Danelaw. Alfred, además, consiguió que Guthrum aceptara el cristianismo.

                Alfred tuvo que enfrentarse varias veces contra las incursiones vikingas hasta su muerte en el 899, pero su poder se había asentado definitivamente. Los ingleses le han rendido homenaje tradicionalmente, considerándolo su primer rey y saludándolo con el apelativo del Grande.