LAS COMPLEJIDADES DE LA CONQUISTA ISLÁMICA DE ARMENIA. Por Verónica López Subirats.

15.09.2016 07:42

                

                Entre el 591 y el 629 los romanos de Oriente, en proceso de convertirse en bizantinos, libraron un duro enfrentamiento contra los persas por el dominio de la estratégica Armenia. Los armenios poseían una sólida estructura de gobierno y disponían de su propia iglesia cristiana. Los persas fracasaron en su afán de doblegarlos y de que abandonaran sus creencias religiosas y los bizantinos no tuvieron más remedio que aceptar sus particularidades.

                En el 639 los musulmanes lanzaron su primera gran campaña contra Armenia, seguida de otras dos más, que indujeron a que sus príncipes se sometieran al poder musulmán y se convirtieran en sus tributarios. Aportarían a sus nuevos señores unos 15.000 guerreros para su ejército.

                Las disensiones entre los musulmanes ocasionaron su retirada hacia Siria. De todos modos no abandonaron su pretensión de controlar Armenia. Tras varias alternativas y tener que superar un contraataque bizantino contra Siria y varios brotes de peste en sus dominios, el califa Abd al-Malik (685-705) se impuso en el decimosexto año de su mandato. Según la Elegía sobre los males de Armenia y el martirio de San Vahan de Kogthen, atrajo a los notables armenios a una reunión bajo promesa en Nakhdchavan y en Hram, donde fueron capturados. Varios nobles fueron enviados a Damasco como prisioneros. Fue un gobernante ambicioso, empeñado en la expansión de sus dominios hasta Túnez, que la Elegía retrata como cruel.

                Preocupado por la estabilidad de su imperio, el califa Omar (717-20) adoptó una política más flexible y conciliadora. Optó por liberar a los nobles armenios a cambio de su fidelidad como gobernantes de su territorio. Uno de ellos fue el futuro mártir Vahan, que ilustra las complejidades de la conquista islámica y de la aceptación del nuevo régimen por parte de la población sometida.