LAS SEÑORAS CIUDADES MEDIEVALES. Por Gian Franco Bertoldi.

13.07.2015 00:08

                El proverbio del aire de la ciudad que hacía libres a las personas ha sido muy cuestionado por los historiadores de la Edad Media.

                Durante un tiempo se pensó que los campesinos escaparon del yugo de los señores feudales al establecerse en las ciudades como artesanos y comerciantes. Según esta visión de la Edad Media, las ciudades eran verdaderas islas de libertad en las que no tuvo cabida el feudalismo. A modo de silogismo se concluía que su expansión en número y poder cavaba la tumba del feudalismo.

                

                El resurgimiento de las ciudades entre los siglos XI y XIII cambió la visión de las cosas y permitió que los reyes tuvieran mecanismos más completos de autoridad, con la ayuda de los ciudadanos o burgueses. Domesticaron por las buenas o por las malas a la nobleza feudal y sentaron las bases de los Estados modernos que forjaron las naciones de Europa.

                Esta atractiva visión peca de simplista e incluso de errónea. En las ciudades vivieron nobles con gran ascendiente local y la urbanización de Italia y Alemania no garantizó su unidad a fines de la Edad Media. Al contrario.

                Además, las ciudades en Italia y Alemania, como en otros países, no estuvieron al margen del feudalismo, sino que se comportaron como verdaderas señoras feudales, que sometieron a los campos circundantes y cobraron tributo a sus campesinos.

                

                A este sistema se le conoció en Italia como el del contado o dominio territorial de una ciudad, que incluía otros núcleos urbanos de menor importancia. Entre los historiadores ha alcanzado gran renombre el contado de Florencia tanto por su significación, una de las cunas del Renacimiento, como por la riqueza de sus estudiadas fuentes historiográficas.

                Los poderosos florentinos extendieron los contratos de aparcería por su contado, la mezzadria.  Poseyeron de esta manera el 65% de todas las tierras. Claro que en Siena el porcentaje alcanzó el 80.

                                        

                Las grandes ciudades italianas simplificaron el mapa de la península de los Apeninos, adquiriendo a veces la fuerza de Venecia, poderosa en tierra y en el mar. Las divisiones entre los grandes linajes o alberghi impidieron que Génova siguiera el mismo camino.

                Aunque en Alemania las ciudades no alcanzaron la potencia política de las italianas, sí ejercieron derechos de soberanía o hoheitsrechte. Entre 1350 y 1450 así lo potenciaron Lübeck, Nuremberg, Rostock, Rothemburg, Stralsund o Ulm.

                Cambiaron la renta que pagaban los campesinos de especie al dinero, fijaron derechos de tanteo a la hora de comprar y establecieron en su provecho los precios de los alimentos.

                Las ciudades de la comercial Hansa, que ha pasado durante un tiempo como liberal, endurecieron las condiciones de explotación de sus campos a partir de 1400, cuando en teoría el feudalismo se encontraba en completo declive.

                En Suabia las ciudades llegaron a comprar más terrenos, y si en la hanseática Brunswick no lo hicieron fue por la orientación de sus gremios dominantes, lo que no la exoneró de su condición señorial.