LOS CABALLOS DE TIRO DEL MARE NOSTRUM. Por José Hernández Zúñiga.

22.06.2016 06:51

                

                Los romanos fueron grandes conquistadores, capaces de convertir el Mediterráneo en su verdadero lago imperial, pero también avezados navegantes que supieron aprovechar las posibilidades del mar gracias a una considerable cantidad de embarcaciones de carga y de transporte de viajeros, los caballos de tiro mediterráneos.

                La especialización de las naves de acarreo llegó hasta extremos que no se sospechaban. Las que cargaban el vino no se limitaban a amontonar cuidadosamente las ánforas, sino a disponer doce o más cubas de grandes dimensiones. Con los materiales de las canteras de Asia Menor, Egipto y África se llenaban las recias naves lapidarias, muy solicitadas por gobernantes y particulares del imperio. Algunas embarcaciones de época imperial llegaron a tener capacidad para unas mil toneladas, como las que se supone que trasladaban el trigo de Alejandría a Italia. Sin embargo, abundaron las que solo eran capaces de desplazar de 60 a 70 toneladas.

                Con independencia de tales variaciones, el patrón constructivo naval se ajustaba a una serie de elementos comunes como la configuración redondeada, el ancho través, la cubierta alta de popa para gobernar mejor la nave por el timonel, la preferencia por la vela cuadrada y el casco de tablazón ensamblada a caja y espina reforzada con cuadernas.

                Las naves no acostumbraban a surcar las aguas mediterráneas en el invierno y especialmente de mayo a septiembre se daban las condiciones más propicias para la navegación. Los vientos acortaban o alargaban la duración de los viajes. De Putéolos a Alejandría se tardaba una semana con el viento a favor, pero más de un mes al soplar en contra. Cosas de los tiempos de la navegación a vela.