LOS CONQUISTADORES CELTAS. Por José Hernández Zúñiga.

12.03.2015 07:02

                

                Entre los siglos IV y III antes de Jesucristo se produjo la expansión de los celtas hacia diferentes puntos de la cuenca mediterránea. Se han propuesto diferentes motivos para explicarla.

                La carencia de recursos para sustentar una población cada vez más numerosa no parece muy convincente. Tampoco la descomposición de las comunidades hallstátticas tuvo necesariamente que preceder a las conquistas celtas.

                Quizá lo más convincente sea la atracción de las aristocracias celtas por el mundo mediterráneo, en particular tras el establecimiento de los griegos en Sicilia y en la península Itálica. Establecidos los celtas en Belloveso hacia el 600 antes de nuestra Era, contactaron con mayor facilidad con unos etruscos que se reorientaron hacia el continente y el Norte ante la colonización griega en el Mediodía.

                Alrededor de Bérgamo se desarrolló la civilización de Golasecca, capaz de sintetizar diferentes elementos culturales. Las diferencias sociales ya presidían sus comunidades. La guerra pondría en manos de sus dirigentes importantes botines, alentando esta acumulación primitiva el desarrollo del comercio de objetos prestigiosos de lujo. El deseo de emulación animó a los menos afortunados a convertirse en mercenarios de los poderes mediterráneos. El casco de Canosa de Apulia es muy probable que se asociara con este género de actividad guerrera retribuida.

                                         

 

                                   

                El declinar etrusco permitió ganar en osadía a los celtas. En el 385 antes de Jesucristo tomaron Roma los celtas senones, cuyas sepulturas cercanas a Ancona acreditan la brillantez principesca de sus capitanes.

                Los tesoros logrados y las apetencias suntuarias de los celtas trasalpinos fomentaron el comercio y el trazado de importantes rutas mercantiles. A través del territorio de la actual Berna los lujos mediterráneos alcanzaron la cuenca del Marne. La aparición del carro en sus tumbas se vincula estrechamente con el mundo mediterráneo, pues los celtas de la isla de Gran Bretaña no lo utilizaban a la llegada de los romanos.

                                                

                La afirmación del poder romano en Italia (capaz de someter a los senones) influyó en el expansionismo de las aristocracias celtas, que pusieron su vista a principios del siglo III antes de Jesucristo en la cuenca danubiana, bien conocida gracias a la antigua explotación de las minas de sal de Salzburgo. Dominar la ruta del ámbar ofrecía magníficas perspectivas.

                La fuerza de los macedonios impidió durante un tiempo que los celtas irrumpieran con vigor en la península Balcánica, asentándose en el Noroeste de Hungría, el Suroeste de Eslovaquia y en parte de Transilvania.

                La descomposición del imperio forjado por Alejandro Magno les brindó una extraordinaria oportunidad. En el 280 antes de nuestra Era invadieron Macedonia y sus avanzadas llegaron a Asia Menor, dando nombre al territorio de Galacia. Sin embargo, sus fuerzas en Tracia, casi aisladas, cayeron derrotadas en el 277 antes de Jesucristo.

                Transcurrida tal oleada conquistadora los pueblos celtas de las Galias y de la península Ibérica desarrollaron una fase más sosegada, la de los oppida o núcleos de población capaces de controlar un territorio cada vez más extenso en vísperas de la conquista romana.