LOS GUERREROS DE GRANITO GALAICOS. Por Verónica López Subirats.

30.09.2015 22:42

                Al Noroeste de la península Ibérica floreció la cultura castreña, con un perfil más urbano del que se había supuesto inicialmente, según vimos en Los señores del Finis Terrae en esta misma publicación. Esta cultura experimentó una importante evolución desde el siglo VII antes de Jesucristo al comienzo de la Era cristiana, cuando los romanos ya impusieron su dominio en toda Hispania de una forma u otra.

                Una de sus manifestaciones más conocidas fueron las estatuas de guerreros, de los pueblos galaicos, particularmente en el territorio del convento o demarcación provincial romana de Braga, donde se han localizado una veintena de piezas con una gran homogeneidad a nivel general, pese a que a veces encontramos en algunas estatuas detalles singulares.

                

                Las estatuas se elaboraron en granito, demostrando un consumado dominio en muchos casos del arte de la escultura. Sobre los artesanos y sus posibles talleres sabemos poco, si fueron itinerantes o no, aunque a veces se asocian a núcleos urbanizados, como la citania de Sanfins.

                Sus dimensiones alcanzan habitualmente la altura de un hombre y procuran recrear la figura humana con realismo contenido. Algunas estatuas se han encontrado sin cabeza y sin pies, lo que no parece responder a priori a ningún ritual.

                Los varones representados adornaron su cara con barbas y bigotes que parecen recordar las imágenes más habituales de los celtas, si bien la reciente investigación no se muestra tan concorde a la hora de vincular a los galaicos con el celtismo. Sus ojos saltones parecen avanzar los de algunas imágenes románicas.

                No todos los guerreros se cubrieron con el casco, pero sí se adornaron con torques y brazaletes según usos del lujo del prestigio político de los pueblos de la protohistoria europea. Vestían ropas escotadas en forma de V, ceñidas por cinturones. Los guerreros no visten ni se protegen con armaduras, lo cual puede denotar tanto una manera de combatir ágil y ligera como una forma de vestirse con lujos mundanos alejados del campo de batalla.

                Demuestran que los representados son guerreros por sus armas, como el puñal o la espada, así como el escudo redondo o caetra, también representado en las monedas de época alto-imperial acuñadas en la ceca de Lugo. Las piernas de los representados se cubrían con polainas, lo que se acerca a los guerreros que combatieron en las llamadas guerras cántabras, en la que los pueblos de la cornisa cantábrica quedaron sometidos por Roma.

                Sintomáticamente en varias estatuas se gravaron inscripciones latinas dedicatorias, lo que se inserta en el ambiente romanizador de principios de la Era cristiana. Tales inscripciones se acercan a las de puentes y obras públicas dignas del evergetismo de los grupos rectores de las ciudades hispanorromanas.

                La interpretación ha sido dificultosa. Se ha llegado a postular un significado funerario, pero recientemente se ha defendido su carácter votivo, de homenaje a los grandes capitostes que dominaban las comunidades galaicas, que ya pactaron con gusto con Roma. El carácter romanizado de las tierras gallegas se hizo patente en los siglos siguientes. Las estatuas de guerreros fueron uno de sus miliarios.