LOS TEUTONES Y LOS CIMBRIOS VENCIDOS POR MARIO. Por José Hernández Zúñiga.

05.09.2017 17:56

                

                En el año 105 antes de Jesucristo, los romanos se encararon con una poderosa fuerza adversaria, la de la coalición dominada por los pueblos germanos de teutones y ambrones. Dentro de la misma figuraban los cimbrios, de origen incierto. Al parecer junto a los elementos germanos formaron gentes de cultura escita. Con los guerreros se trasladaban sus familias y las fuentes clásicas llegaron a cifrar una masa humana de unas 300.000 familias.

                Entre sus motivaciones figuraría el deseo de lograr mayor fortuna e invadieron las provincias romanas de la Galia Cisalpina y Transalpina. A mediados del 104 antes de Jesucristo derrotaron a las fuerzas de Quinto Servilio Cepio. Entonces amenazaron gravemente Italia.

                Ante tal alarma, el Senado no tuvo más remedio que guardarse su orgullo y conceder el mando de las fuerzas romanas al general Mario, su agudo crítico. Desde Numidia se puso en marcha con celeridad con su característico ejército. Las maniobras de los germanos hacia la península Ibérica le ofrecieron un valioso tiempo.

                En el 102 antes de Jesucristo Mario esperó a sus oponentes en posiciones fortificadas del río Ródano, donde sus soldados se hicieron idea de la fuerza y de la forma de ser de sus oponentes. Pronto los vieron como simples saqueadores y les perdieron el miedo. Los germanos no consiguieron tomar las posiciones romanas y prosiguieron su ruta hacia Italia. Las fuerzas de Mario los siguieron de cerca.

                Los interceptaron en Aquae Sextiae (Aix-en-Provence). Mario apostó a 3.000 soldados al mando de Marcelo para emboscar a los germanos. Él mismo tomó posiciones en una colina que dominaba el valle e incitó a los germanos a que lo acometieran pendiente arriba. Los romanos les arrojaron sus características lanzas, los pila, emplearon en el cuerpo a cuerpo sus espadas cortas y los germanos retrocedieron. Entonces cargó Mario con energía y Marcelo atacó la retaguardia enemiga. Plutarco habló de la muerte de 100.000 germanos.

                Fue una gran victoria, celebrada en triunfo en Roma. Desde allí, sin embargo, Mario tuvo noticia que el peligro no había cesado. Los cimbrios habían franqueado los pasos de los Alpes y su rey Boeorix le desafió a luchar en la llanura de Vercellae, cerca de la unión del río Sesia con el Po. Con unos 35.000 veteranos marchó Mario contra 15.000 jinetes cimbrios y numerosos soldados de infantería.

                En el campo de batalla, los romanos no se dejaron atraer por la fingida retirada de la caballería cimbria. Bajo una fuerte tempestad de polvo, quizá alzada por los propios caballos escitas, se libró un duro enfrentamiento de infantería en el centro, en el que los romanos terminaron imponiendo la superioridad de su formación táctica. Los romanos alcanzaron finalmente el campamento cimbrio, donde las mujeres dieron muerte a sus maridos e hijos antes de suicidarse. Terrible final para tan bravos oponentes de Roma.