REVOLUCIONES A BORDO. Por Antonio Parra García.

17.08.2015 20:30

  Entre 1890 y 1914 las marinas de guerra de las grandes potencias experimentaron un importante crecimiento cuantitativa y cualitativamente. Bajo el influjo de la importancia del poder naval, capaz de anular las comunicaciones imperiales del adversario, la carrera armamentística alcanzó de pleno a las armadas.   

    Los buques requirieron grandes dotaciones de individuos preparados, capaces de trabajar en equipo con maquinaria compleja, con un grado de preparación superior al de los simples reclutas del arma de infantería. Se ha comparado el ambiente de una nave de guerra con el de una fábrica, en la que la concienciación política ganó muchos adeptos. Las revoluciones a bordo fueron el resultado de esta situación de partida.

    En junio de 1905 la dotación del acorazado Potemkin se alzó en el mar Negro contra una oficialidad que los maltrataba. Sólo se salvaron los oficiales de máquinas, con mejores relaciones con la marinería. Este celebrado icono de la Revolución en el cine navegó casi a la deriva hasta la rumana Constanza ante la carencia de personal especializado. Allí fue hundido.

                

    El Potemkin inspiró a los marineros y personal de servicio de la gran base naval rusa de Kronstadt en 1905-06, cuando el sistema zarista se debatía con el cambio tras su derrota ante el Japón. En mayo de 1917 los activos hombres de la base se erigieron en uno de los motores revolucionarios y conformaron un poder casi autónomo, poco complaciente con las directrices de la autoridad bolchevique, que finalmente optó por liquidar a sus héroes.

    Los marineros de otros países también se interesaron por la marcha de la vida política. El II Reich había realizado un titánico esfuerzo bélico desde 1914 y la entrada en el conflicto de Estados Unidos había frustrado sus esperanzas de victoria. El gobierno imperial cayó y las nuevas autoridades liberales emprendieron conversaciones de paz con los aliados. En el verano de 1918 las dotaciones de la armada estacionada en Kiel protestaron ante el anuncio de nuevas ofensivas en el mes de octubre. Se estima que los casi 100.000 obreros de la base hicieron causa común con ellos.

                        

    El descontento de la marinería también afectó a las armadas de los vencedores en la Gran Guerra. Entre las unidades francesas destinadas en el mar Negro contra los bolcheviques en 1919 prendió la agitación comunista, en la que sobresalió el que sería el jefe de las Brigadas Internacionales en Albacete, André Marty.

Entre los británicos el descontento surgió por razones más prosaicas en 1931. La reducción del 25% de la paga de la marinería, uno de los recortes ante la crisis, condujo al amotinamiento de Invergordon, que hizo evocar entre el Almirantazgo viejas imágenes propias de tiempos napoleónicas.

    Gran fama alcanzó la contestación de una buena parte de la marinería española ante la actitud antirrepublicana de una parte de la oficialidad a raíz del 18 de Julio. Con la colaboración de no pocos suboficiales se hicieron con el control de muchas naves. Los rebeldes se vieron privados de una parte considerable de los recursos de la armada española. No en vano el recuerdo de los hechos del cantón de Cartagena de 1873 permanecía vivo entre no pocos hombres de mar.