ROMANOS Y PARTOS COMBATEN POR ARMENIA. Por José Hernández Zúñiga.

19.10.2017 13:10

 

                La Roma imperial no siempre cosechó victorias. En el Asia occidental se las tuvo que ver con un imperio tan motivado como combatido, el de los partos, tan atentos como los romanos a dominar el Oriente Próximo.

                El filosófico emperador Marco Aurelio (161-180) sostuvo varios conflictos en frentes distintos, como en el territorio de Armenia, un reino encabalgado entre romanos y partos. Su control entrañaba el de la superioridad estratégica: a los partos irrumpir en Siria y en Mesopotamia a los romanos.

                El monarca parto Vologeses III invadió con éxito Armenia en el 161 e impuso a un gobernante títere, el arsácida Pacaro. En su marcha triunfal, las fuerzas partas vencieron a las romanas en la batalla de Elegia, en el alto Éufrates, y penetraron en Siria, provincia fundamental del imperio romano en Asia.

                La respuesta romana no se hizo aguardar. El general Estacio Prisco dirigió de forma efectiva un ejército encomendado nominalmente a Lucio Vero, coemperador junto a Marco Aurelio. La reacción romana dio resultado. En el 163 los partos habían sido expulsados de Armenia, ahora encomendada a Sohaemus, otro arsácida.

                Los romanos aprovecharon su ventaja y Avidio Casio se adentró en Mesopotamia. Llegó a incendiar Ctesifón, la capital parta. En este eufórico momento, a Lucio Vero se le dio el título de Armeniacus y de Parthicus Maximus a Marco Aurelio, en la línea de glorificación de la autoridad imperial.

                Las celebraciones oficiales no evitaron la realidad más amarga de la guerra. La peste se extendió entre los combatientes y en el 166 los dos rivales no tuvieron más remedio que llegar a una paz. Sin la extensión lograda bajo Trajano, el poder romano alcanzó hasta Osroene, más allá del Éufrates. Por esta vez, las cosas quedaron así, aunque las hostilidades se reemprenderían más tarde.