ASMONEOS Y SELÉUCIDAS DISPUTAN POR EL TERRITORIO. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
En el 142 antes de Jesucristo el helenístico imperio seléucida se enfrentaba a la hostilidad de no pocos judíos, encabezados por los Asmoneos. Aquel año Simón sucedió a su hermano el sumo sacerdote judío Jonatán, y emprendió destacadas acciones militares. Tomó la fortaleza seléucida de Guézer, ubicada en la ruta entre Jerusalén y la costa, así como los puntos fuertes costeros de Yoppe y Yamnia. A los habitantes de Guézer y Yoppe los expulsó y los sustituyó por observantes de la Ley. Al año siguiente, rindió la guarnición seléucida de la fortaleza de Jerusalén. Su oponente, el seléucida Antíoco VII Sidetes, le dirigió una reclamación, recogida en el Libro de los Macabeos (15, 18-31, 33-35):
“Y él (el rey Antíoco VII Sidetes) le mandó (a Simón) a uno de sus amigos, Atenobio, para tratar con él y decirles: Retenéis a Yoppe y Guézer, y la fortaleza de Jerusalén, ciudades de mi reino. Habéis devastado sus territorios y causado grandes daños a la tierra, y os habéis apoderado de muchos lugares de mi reino. Por lo tanto, entregad ahora las ciudades que habéis tomado y los tributos de que os habéis apoderado en los lugares por vosotros dominados fuera de los confines de Judea, o bien dadme por ellos quinientos talentos de plata y, por los daños que habéis causado y los tributos de las ciudades, otros quinientos talentos; de lo contrario vendremos a guerrear con vosotros. Y Atenobio le comunicó las palabras del rey. Y Simón replicó diciéndole: No hemos tomado tierra de los demás, ni poseemos lo que pertenece a otros, sino lo que es herencia de nuestros padres y que se hallaba injustamente en poder de nuestros enemigos desde hacía tiempo. Pero nosotros, aprovechando la oportunidad, hemos recobrado la heredad de nuestros padres. Sin embargo, en lo referente a Yoppe y Guézer, que vosotros reclamáis, aunque causaban grandes daños a nuestro pueblo y a nuestra tierra, daremos por ellas cien talentos.”
No sería la última vez que en la región disputaran puntos de vista irreconciliables con posturas legales distintas.
Para saber más.
Arnold Toynbee (dirección), El crisol del cristianismo. IV volumen de Historia de las civilizaciones, Madrid, 1988.

