CARGOS CONTRA UN POLÍTICO DEL SIGLO XV, DON ÁLVARO DE LUNA.
El condestable don Álvaro de Luna se convirtió en el hombre de confianza del rey Juan II de Castilla para desesperación de sus contrarios, acaudillados por los infantes de Aragón. En marzo de 1440 los opositores se congregaron en Toledo y elevaron al monarca, al que decían respetar, un verdadero memorial de quejas, en las que se tachaba de tirano al denostado condestable. Recogido en la Crónica del halconero de Juan II, la de Pedro Carrillo de Huete, refleja tanto el ideal de gobierno aristocrático de Castilla como los males de sus gentes en aquel atribulado tiempo. He aquí algunos de los cargos contra don Álvaro:
“Primeramente, el dicho condestable, en su comienzo, luego que él supo haber entrado en vuestra gracia, olvidando quien era él, tentado a sobrado de vanagloria y soberbia y desordenada codicia, presumió pujar a todos los de vuestra casa, y después de grado en grado sobre todos los grandes y nobles de vuestros reinos. Todo esto fuese en gran perjuicio e injuria y menosprecio de todos vuestros naturales, cuanto más de tan grandes hombres y de tan antiguos linajes como en vuestros reinos y señoríos a la sazón había y ahora hay, pero vuestra señoría de ello fue favorecedor por dañada inducción suya (…) y contra natural razón consiguió su efecto. Tal fue principio y primer inconveniente de otros muchos inconvenientes dañosos que se siguieron en vuestros reinos y en sus gentes (…).
“Asimismo, para mejor alcanzar su propósito, y aplicándose a la autoridad que sostiene que al dinero obedecen todas las cosas, procuró y tuvo manera de que todos los maravedíes de vuestras rentas y de vuestros reinos estuviesen en su poderío, ordenación y voluntad, poniendo con su mano en las mismas tesoreros y recaudadores a las personas que él escogió, que quiso y entendió que le serían obedientes, apoderándose también de todas vuestras casas de moneda, mucho más baja que la que vuestra señoría mandó hacer con acuerdo de vuestro Consejo (…).
“El dicho condestable, fingiendo necesidades que no existían, procuró y tuvo manera que vuestra señoría solicitase muchos millones de maravedíes en pedidos y monedas a vuestros súbditos, por parte de codicia, recaudándose de tantos años a acá, tomándose todavía ahora, en gran daño y agravio de vuestros súbditos y pecheros, reducidos a tan estrecho grado de pobreza que a las haciendas de vuestra majestad no podía seguir más al estar para siempre destruidos (…).
“Asimismo, el dicho condestable en tiempos pasados procuró tomar, tomó y se quedó grandes sumas de maravedíes de vuestras rentas, pedidos, monedas y derechos con gran atrevimiento y osadía, sin que nadie lo pudiera reclamar. Se hizo así con muchos tesoros, teniéndolos en Venecia y en otras partes (…).
“Aún el dicho condestable, queriendo usurpar los arzobispados, obispados y otras dignidades de la Santa Iglesia y sus rentas, procuró embargar y embargó muchas elecciones, tiránicamente hechas (…) para favorecer a su hermano y otros (…).
“Asimismo, con cartas y otras maneras pone de su mano a muchos oficiales que rigen vuestras ciudades y villas para apoderarse mejor de ellas, pues hacen todo lo que él quiere (…)
“Para mayor apoderamiento, gana y toma para sí todas las tenencias y alcaidías de las villas y castillos que han vacado, sin dar lugar a que los naturales de vuestros reinos las tuviesen, haciéndose contra toda razón y la costumbre derecha de España (…)
“Asimismo, muy poderoso señor, ha traído a vuestra muy notable y limpia corte la más sucia y aborrecible cosa que contra Dios y naturaleza se habla de entre todos los vicios, siempre muy denostada en España (…), hasta tal punto que a los grandes y a otros de vuestros reinos y señoríos tienen gran temor de enviar a criar y residir en vuestra real corte y palacio a sus hijos e hijas.”
Crónica del halconero de Juan II. Edición de Juan de Mata Carriazo, Granada, 2006, pp. 324-331.
Selección y adaptación al castellano actual de Víctor Manuel Galán Tendero.

