COMBATIR LOS MONIPODIOS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

21.02.2026 10:44

 

               La expresión monipodio evoca la cervantina novela Rinconete y Cortadillo, publicada en 1613, cuando la picaresca florecía en muchos puntos de España. Sin embargo, la palabra monipodio no era precisamente nueva en el idioma castellano. A finales del siglo XV se empleó en numerosos documentos judiciales, como sinónimo de confederación y obligación con intenciones perversas, contrarias a la ley y la moral, en la que incluso incurrieron algunas localidades en sus rivalidades con sus vecinas.

               Con la imposición de la autoridad real, la lucha contra los monipodios se hizo visible en la documentación oficial. Las cofradías y gremios de Salamanca fueron acusadas en 1493 de conformar verdaderos monipodios, algo que debía evitar a toda costa el corregidor de la ciudad. Se pretendió evitar la preeminencia de ciertas asociaciones en la vida económica de Castilla, y en esta línea se procedió en 1494 contra el conquense Gonzalo Arias por concertarse con los arrendadores y guardianes de la greda, en perjuicio de los comerciantes que la vendían para el adobo de paños.

               La acusación de monipodio también afectó al mundo de los letrados. En 1495 el corregidor de Logroño tuvo que investigar el concierto, liga y monipodio de los ocho escribanos del número para repartirse los derechos de los autos judiciales, en detrimento del vecindario.

               La criminalidad se agazapó igualmente tras la expresión monipodio. No en vano el vecino de Cazorla Sancho López se quejó amargamente en 1494 al alcalde mayor del Adelantamiento de estar en el punto de mira de un monipodio que pretendía asesinarle, cuando sus criados ya habían padecido agresiones. En ocasiones combatir ciertos delitos nos permite conocer su existencia y expresión histórica.

               Fuentes.

               ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS.

               Registro del Sello de Corte, 149302 (144), 149412 (398) y 149507 (348).