EL AMBICIOSO REY VISIGODO ATAÚLFO.

08.03.2026 10:32

              

               “Cuando Ataúlfo se convirtió en rey volvió a Roma y arrasó como una plaga de langostas lo que había quedado después del primer saqueo. Se apoderó también de todas las propiedades de Italia y no sólo de los particulares, sino también de las del Estado, sin que el emperador Honorio pudiera hacer nada para impedirlo, llevándose de Roma como esclava a su hermana Placidia, hija de la segunda esposa del emperador Teodosio. Sin embargo, en atención a su noble linaje, su belleza física y su casta pureza, se unió a ella en legítimo matrimonio en Foro Julio, ciudad de la Emilia, para que los restantes pueblos, al conocer este enlace, se asustaran más pensando que se trataba de una alianza del Imperio con los godos. Luego abandonó generosamente al emperador Honorio, como pariente suyo que era ya, pero privado de bienes, y se dirigió a las Galias.

               “Cuando llegó allí, los pueblos vecinos comenzaron a recluirse en sus territorios, tanto los francos como los burgundios, que habían asolado tan cruelmente las Galias en épocas pasadas. Por su parte, los vándalos y los alanos, que (…) se habían asentado en las dos Panonias con el consentimiento de los emperadores, pensaron que no iban a estar seguros si volvían allí los godos por el miedo que les inspiraban, y pasaron a las Galias. Pero pronto hubieron de huir de las Galias que acababan de ocupar y se refugiaron en Hispania, acordándose aún de lo que les habían contado sus mayores sobre los desastres que había causado a su pueblo el rey godo Geberico, que los habían expulsado por la fuerza del suelo de su patria. De modo que esta coyuntura puso las Galias a merced de Ataúlfo.

               “Así pues, una vez que este rey godo consolidó su reino en las Galias, comenzó a compadecerse de las desgracias de los hispanos y decidió librarlos de las incursiones de los vándalos. Dejó sus riquezas en Barcelona con algunos hombres leales y los que no podían combatir, y penetró en el interior de Hispania, donde tuvo frecuentes enfrentamientos con los vándalos. Tres años después de haber sometido las Galias y los territorios hispanos (415) murió por culpa de una herida que había recibido en el vientre de la espada de Evervulfo, de cuya altura solía burlarse.”

               Jordanes, Origen y gestas de los godos. Edición de José María Sánchez Martín, Madrid, 2001, Capítulo XXXI, 159-163, pp. 148-149.

               Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.