EL APURADO COLÓN QUE SE SIRVIÓ DE UN ECLIPSE.
“Tres años estuvo Cristóbal Colón de esta hecha en España, al final de los cuales, que fue el de 1502, tuvo a costa de los Reyes Católicos cuatro carabelas, en que pasó a la Española; y cuando estaba cerca del río Ozama, no le dejó entrar en Santo Domingo Nicolás de Ovando, que a la sazón gobernaba la isla.
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“Siguió la costa meridional y la corrió hasta llegar al Nombre de Dios, desde donde volvió a Cuba, y luego a Jamaica, y allí perdió dos carabelas que le quedaban de las cuatro con que fue al descubrimiento, y quedó sin navíos para poder llegar a Santo Domingo. Allí le aumentaron los males, pues se le enfermaron muchos españoles, le hicieron guerra los sanos, y los indios le quitaron los alimentos. Francisco de Porras, capitán de una carabela, y su hermano Diego de Porras, contador de la armada, amotinaron la gente, y tomaron cuantas canoas pudieron a los indios para pasarse a la Española.
“Cuando vieron esto los de la isla, no querían dar comida a los de Colón, antes bien tramaban el matarlos. Cristóbal Colón llamó entonces a algunos de ellos, los reprendió de su poca caridad, les rogó que les vendiesen bastimentos, y los amenazó con que, si hacían lo contrario, morirían todos de pestilencia; y en señal de que sería verdad, les dijo que para tal día verían a la Luna sangrienta. Ellos, que vieron que la Luna se eclipsaba en la misma hora y día señalado, lo creyeron, pues no sabían astrología. Pidieron perdón con muchas lágrimas, y rogando a Cristóbal Colón que no se enojase con ellos, le trajeron cuanto les pedía para que los pusiese en gracia con la Luna.”
Francisco López de Gómara, Historia General de las Indias. I. Hispania Victrix. Edición de Pilar Guibelalde, Barcelona, 1985, p. 59.
Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.

