EL INTENTO DE EXPANSIÓN HISPANA EN EL SUDESTE ASIÁTICO. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

23.09.2020 11:38

                En 1593 los poderes de Siam afirmaron en batalla su independencia frente a sus rivales birmanos e incluso se lanzaron a atacar su territorio. Llegaron a recurrir a mercenarios japoneses en sus campañas. También atacaron Camboya, cuyo monarca se acogió en Laos. La lucha por la hegemonía del Sudeste asiático era notable y los europeos no fueron ajenos a la misma.

                El inquieto franciscano fray Jerónimo de la Cruz escribió al gobernador de Filipinas Luis Pérez das Mariñas para aumentar el poder hispánico en la región. Los españoles apreciaron Siam como el Estado más importante tras el imperio chino. Lo consideraron rico y abundante de bastimentos, en buena posición estratégica y en clara enemistad con los mon de Birmania, amigos de cristianos.

                En sus informes, los españoles presentaban al monarca siamés, Naresuan (1590-1605), como un tipo extremadamente cruel, cuyo gobierno era más propio de diablo que de hombre, según aquéllos. Su reino se presentaba como seminario de idolatrías, con muchos birmanos y cautivos que podían decantar el peso de la balanza a favor de los conquistadores.

                El descontento abriría el camino de su dominio y su evangelización. La conquista alentaría la población de Filipinas, en la que podían tomar parte españoles ociosos de la Península y el Perú. Se estimaba que con menos de mil, incluso quinientos, se podía completar la conquista. La frontera del Pacífico asiático parecía abierta a los nuevos conquistadores.

                Incluso se pensaba que los portugueses de Malaca y Macao se beneficiarían. Sin embargo, la unión ibérica de coronas de 1580 no resultó favorable a tal empresa, cuando desde Macao no se enviaban a Manila los esperados géneros de China. El obispo de Malaca, Joan Rivero Gayo, apuntó varios elementos que no favorecerían la colaboración entre españoles castellanos y portugueses, que no dejaban de ser rivales en Oriente.

                Sus beneficios decrecerían con el avance del poder de los primeros y tendrían que subir los precios, algo que aprovecharían los comerciantes chinos para ganar todavía más. El mismo rey saldría perjudicado y más tarde o más temprano se debería enviar más dinero desde la Nueva España.

                Desde el lado castellano se hizo nuevamente hincapié en los provechos de la evangelización, Macao sería socorrido con mayor fuerza e incluso se podría evitar recurrir a Cantón.

                Al final se despejó la situación. Aprovechándose de las predicaciones de los franciscanos descalzos, se pensó establecer una fortaleza española en Camboya, con el consentimiento de su rey. Sería el inicio de la conquista.

                Das Mariñas despachó la expedición finalmente en 1596, en la que tomaron parte junto a fuerzas filipinas guerreros mercenarios japoneses, algunos ya católicos. Los conquistadores se encontraron con un rey de Camboya repuesto y quemaron su capital. El dominio hispánico fue precario y en 1599 los musulmanes malayos los desalojaron de una Camboya que terminaría bajo el dominio siamés. El intento conquistador terminó fracasando.

                Fuentes.

                 ARCHIVO GENERAL DE INDIAS. Patronato, 25, R. 61.