EL POLÍTICO CID. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
Rodrigo Díaz de Vivar reunió a los notables musulmanes de la conquistada Valencia y a los alcaides de sus fortalezas cercanas un 19 de junio de 1094 en su sede en el arrabal de Villanueva. Les comunicó su espíritu e intenciones de gobierno, en un verdadero discurso consignado en la Primera Crónica General de Alfonso X. Con independencia de su veracidad, aparece como un consumado político, con habilidad para ganarse a sus oyentes con atractivas propuestas, que estaba dispuesto a cumplir en la medida de sus posibilidades y deseos. Démosle la palabra al elocuente Cid de la historia alfonsí, pues según él Dios le concede el dominio de la ciudad de Valencia:
“Yo soy un hombre que nunca he reinado, ni tampoco nadie de mi linaje, pero desde el día que contemplé esta ciudad me agradó tanto y deseé tanto hacerla mía, que comencé a rogar a Dios Nuestro Señor que me la pusiera en mis manos; y ved cuán grande es el poder de Dios, que el día que yo llegué a Yubayla sólo tenía cuatro panes, y ahora Dios me ha dado Valencia y soy dueño de ella. Y en adelante, si yo fuere justo en su gobierno, el Señor me la conservará; pero si yo obrare mal por injusticia o soberbia, sé que el mismo Señor me la arrebatará.”
Tras los combates de la conquista, observará este régimen en la posesión y cultivo de tierras:
“A partir de hoy cada uno de vosotros vaya a sus heredades y vuelva a poseerlas como antes. Si hallare su huerta o viña sin cultivar, puede ocuparla en el acto; y si la encontrare cultivada, abone al que la labró todo su trabajo y todos los gastos que hizo y recupérela, como manda vuestra ley.”
En un tiempo de grandes protestas, aprovechadas por los almorávides, respetará los impuestos coránicos y la justicia será atentamente administrada:
“Además he ordenado a los que deben recaudar los impuestos en la ciudad que no tomen más del diezmo, conforme a la ley coránica. También he dispuesto destinar dos días a la semana, lunes y jueves, para oír vuestros pleitos, y si surgiere algún litigio, que no admita demora, podéis acudir a mí cualquier día, porque yo no pierdo el tiempo con mujeres, con canciones, ni bebiendo, como lo hacían vuestros señores, que no tenían tiempo para recibiros.”
Y así presenta su carácter e intenciones de gobernante.
“Porque yo quiero resolver personalmente todos vuestros problemas y ser para vosotros un compañero más, como un amigo para su amigo o un pariente para su pariente; yo quiero ser vuestro alcalde y vuestro alguacil y cada vez que tengáis alguna diferencia, uno con otro, yo la solucionaré.”
En suma, toda una pieza oratoria destinada a afirmar su dominio, que nos dice mucho de los métodos de los conquistadores de Al-Ándalus de la Plena Edad Media.
Fuente.
Primera Crónica General. Versión de G. Martínez Díez en El Cid histórico, Barcelona, 1999.

