EL SOLDADO VICENTE BUSCA MADRINA DE GUERRA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
Al ser ocupada una parte de Francia por los alemanes durante la I Guerra Mundial, muchos soldados originarios de aquellas regiones conquistadas supieron desde 1915 de los azares de sus familias por las cartas de unas amables remitentes, las madrinas de guerra. Su correspondencia fue de gran ayuda para mantener la moral de las tropas en el frente, siempre frágil, y la exitosa idea pasó a otros ejércitos pronto, como el español de la guerra del Rif de los años veinte.
Durante la Guerra Civil, las madrinas aparecieron antes en el campo franquista que en el republicano, donde las mujeres desempeñaron funciones públicas, en la milicia y en la política, más relevantes. En el semanario La Ametralladora, editado desde 1937 en San Sebastián y precursor de La Codorniz, los soldados requerían su cortesía con seudónimos como Pedro Matapiojos o Tarzán de las Ratas. Algunas respondían con nombres tan sugerentes como Sonsoles Quitapenas. Además de balsámicas cartas, enviaban tabaco, prendas de ropa o alimentos a los afortunados.
En 1938, el fenómeno cobró fuerza entre los soldados del Ejército Popular de la República, como fue el caso de Vicente Garcerà, de la 131ª Brigada Mixta de la 30ª División, resultado de la militarización en abril de 1937 de la Columna Macià-Companys (de milicianos de ERC y Estat Català). La unidad fue asistida o apadrinada por los populares almacenes barceloneses Jorba. El 3 de octubre del 38, en plena batalla del Ebro, Vicente escribe una simpática carta a una gentil Srta. X, que como sostiene Dulce Chacón son la expresión de “un hombre solo, que entretiene la espera con el sabor del lenguaje. Un hombre que conjura el tedio con la ansiedad del náufrago que espera su botella, en la esperanza de que una mujer responda a su misiva. Un hombre desolado, que reclama la atención de una mujer, desconocida en muchas ocasiones, para que su tiempo no se enrede en el miedo, en la muerte que acecha.” He aquí su carta:
“131 BRIGADA MIXTA DE LA 30 DIVISIÓN, QUE APADRINA MAGATZEMS JORBA-BARCELONA.
“Srta. X:
“No sé quién es V. ni tampoco sé si es guapa o fea; joven o vieja; soltera, casada, viuda o divorciada; en fin, no sé cuál su condición y a decir verdad poco me importa puesto que el único fin que yo veo al solicitar su amable correspondencia no es otro que el de pasar unos ratos agradables y amenos con la lectura de sus humorísticas cartas, porque eso sí, la única cualidad que yo le exijo es que conserve V. el buen humor que tanto escasea en las actuales circunstancias. Ahora, que si es V. joven y guapa tanto mejor, pues ¿a quién le amarga un dulce?
“Quizás le interese saber el porqué de haberme dirigido a la sección de juguetes solicitando madrina de guerra y no a las otras secciones, pues sencillamente porque me parece la sección más alegre y optimista, y la única que puede satisfacer el fin que yo persigo por considerar que no puede estar triste una mujer entre juguetes y recibiendo la visita de tantos niños como irán a recibir la alegría de sus manos en forma de juguete. No iba a dirigirme a la de pompas fúnebres si es que hay en un almacén enciclopédico como ése, por motivo de que podría darse el caso de recibir una carta pidiéndole las medidas para mandarme “un estuche”, cosa que me haría sacar una patita de conejo que tengo como amuleto y pronunciar las palabras misteriosas de ¡lagarto, lagarto! Por si las moscas. Tampoco a la de paños higiénicos, pues alguna vez llegara a agotar el tema en la contestación y me acogiera al único recurso, que es hablarle del negocio a la interesada, se me cubrirían las mejillas de rubor. ¡No, ni pensarlo! ¿A qué sección, pues? Ya la tengo, me dije, la más alegre, a la de los juguetes. Ahora Srta., la que haya tenido la bondad de imponerse la molesta tarea de contestar mis cartas, ¿tendría la amabilidad de decirme su nombre y darme las señas a las cuales deseo recibir mis cartas? Espero su contestación con ansiedad y supongo que no defraudará V. a un combatiente que desea comunicarse con alguien que la haga olvidar la monotonía del frente con sus rasgos humorísticos de ingenio personal.
“Sin más que decirle se despide de V. su nuevo amigo Vicente Garcerá.
“Nota. La dirección mía va en el remite del sobre.
“En campaña, 3 de octubre de 1938.”
Fuente.
Archivo Histórico de Don Enrique Díez Sanz.
Para saber más.
Manuel de Ramón y Carmen Ortiz, Madrina de guerra: cartas desde el frente, Madrid, 2003.
Manuel de Ramón, “Las madrinas de guerra en la Guerra Civil”, Bulletin Hispanique, 118-1, 2016, pp. 157-174.

