EL TRÁFICO ESCLAVISTA EN LA CUBA ESPAÑOLA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

07.01.2026 07:07

              

               La expansión económica de la Cuba de finales del siglo XVIII e inicios del XIX debió mucho a la esclavitud, ya que su comercio alimentó la fuerza laboral de la producción de azúcar y café. Si tras la guerra de Sucesión se entregó la entrada de esclavos africanos a la británica Compañía del Mar del Sur, el 24 de febrero de 1789 la corona española decretó la libertad de la trata en sus dominios americanos. A 22 de abril de 1804 se prorrogó tal concesión por doce años para los españoles y para los extranjeros de seis, insistiéndose en la procedencia africana de los esclavos.

               La supresión de la trata por los británicos en 1807 impulsó a los grupos de traficantes cubanos y catalanes, aunque el comercio esclavista fue reprobado en 1808 por el obispo de La Habana Díaz de Espada. España aceptó en 1817 su supresión a partir de mayo de 1820 al Norte del Ecuador, pero al año siguiente los británicos junto con los portugueses decidieron proseguirla al Sur, entre el Brasil y los dominios portugueses en África. En Cuba se pensó que se pretendía arruinar su producción azucarera, prosiguiéndose la trata clandestinamente. En consecuencia, las relaciones con tratantes estadounidenses se intensificaron. A la altura de 1821 el gobierno español liberal disimuló la entrada ilegal de barcos con esclavos en Cuba.

               En 1833 Gran Bretaña abolió la esclavitud en sus posesiones, y el 27 de julio de 1835 se prohibió legalmente la trata en España por el tratado con los británicos. De todos modos, la actividad ilegal siguió su curso, hasta tal extremo que llegó a beneficiar al capitán general de Cuba Tacón y a la misma reina regente María Cristina. Se sostuvo que el propio Tacón ganó unos 450.000 pesos, pues por cada esclavo desembarcado en Cuba obtenía la suma de ocho pesos y cuatro reales.

               En 1839 el precio medio de un esclavo llegaba a los 400 pesos. En años sucesivos se encarecería su valor económico, convirtiéndolos en prohibitivos para más de un plantador. Por ende, la trata ilegal prosiguió con brío en 1845, hasta tal extremo que la misma María Cristina y el capitán general Roncalli quisieron traer a Cuba diez mil esclavos africanos haciéndolos pasar del Brasil.

               El comercio esclavista tuvo consecuencias de primer orden en la composición de la población cubana, pues entre 1827 y 1841 los esclavos pasaron de las 286.942 a las 436.465 personas, destinándose la mayoría al trabajo en los ingenios azucareros, cafetales, estancias y vegas. La vida cubana se vería muy afectada por tan detestable dinámica.

               Para saber más.

               Ismael Sarmiento, Cuba, entre la opulencia y la pobreza. Población, economía y cultura material en los primeros 68 años del siglo XIX, Madrid, 2004.