ENTRAR EN LID CABALLERESCA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
La conquista del sultanato de Granada resultó ser una empresa formidable para las fuerzas de Isabel y Fernando. Se tuvieron que emplear cuantiosos recursos logísticos para desplegar con éxito sus huestes, ya dotadas de piezas de artillería. Sin embargo, los planteamientos militares de los castellanos al enfrentarse con los musulmanes se enunciaron con mayor simplicidad en la Crónica de Alfonso XI.
En la primera mitad del siglo XIV todavía se combatió como en el siglo XIII e incluso antes. Según la Crónica, el mismo rey era depositario del experimentado saber militar, el de los caballeros. Se insistía en que a los musulmanes se les dejara emprender el ataque. A las fuerzas cristianas les correspondía entonces aguantar a pie firme el lanzamiento de sus armas arrojadizas.
Una vez resistida la embestida enemiga, la caballería cristiana se lanzaría al ataque en formación cerrada, con velocidad y las lanzas en ristre. En el fragor del combate no debían desfallecer ni recurrir a la espada antes de quebrar sus lanzas. En estas huestes se demostrarían las virtudes de los caballeros, con sus proezas individuales.
Como se temía cualquier contraataque musulmán, se instaba a que nadie se detuviera a saquear el campamento enemigo hasta imponerse en el campo de batalla. Sólo así, con la ayuda de Dios y del apóstol Santiago, se conquistarían nuevas tierras y se hablaría con respeto de los caballeros hasta el final de los tiempos. Conseguir la honra de la fama, junto a la gloria celestial, resultaría ser un notable acicate para muchos hombres de armas. Tales puntos de vista reforzaron, además, la autoridad real sobre los caballeros, más díscolos que obedientes en los días de la minoría de edad de Alfonso XI.
Fuentes.
Gran Crónica de Alfonso XI, T. II, cap. CCCXXIII, p. 410.

