IRÁN EN EL TABLERO DE LA II GUERRA MUNDIAL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
Con una extraordinaria Historia, una destacada posición geográfica y unos notables recursos energéticos, Irán no pasó precisamente desapercibido en el disputado tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Regido por Reza Shah Pahlavi, que se había arrogado el título imperial en 1925, era una verdadera dictadura, en la que los británicos pusieron todo su empeño en conservar sus concesiones petrolíferas del Sur a través de la Compañía Anglo-iraní. Los vecinos soviéticos tampoco se quedaron de brazos cruzados, como herederos históricos de las antiguas aspiraciones rusas de dominio, y en 1920 contribuyeron desde Bakú a la fundación del Partido Comunista Persa en Azerbaiyán, territorio que junto al del Kurdistán sostenía un importante pulso con el poder central.
Reza Shah Pahlavi estrechó relaciones con la Alemania nazi, que obtuvo de Irán buenos y variados suministros, desde pistachos para sus soldados a cueros para sus botas. Por otra parte, el III Reich alentó que Lufthansa estableciera una aerolínea en el país de los arios y que Siemens y Krupp también avanzaran posiciones en su economía. Aunque oficialmente neutral tras la apertura de hostilidades, las autoridades iraníes facilitaron los contactos entre agentes y enviados alemanes, italianos y japoneses en su territorio.
En la primavera de 1941 los británicos intervinieron en el vecino Irak, hasta entonces en su órbita, contra el pronazi Rashid Ali al-Gaylani, que escapó a Irán. Para enfrentarse a tal situación, contaron con la colaboración de los soviéticos, atacados por los alemanes tras romper su acuerdo de 1939. El Shah rechazó el ultimátum de los coaligados para apartar a los agentes del Eje y en agosto del 41 se enfrentó a la invasión. En septiembre abdicó en su hijo Muhammad Reza, pero Irán no se libró de la ocupación, británica al Sur y al Norte soviética.
Los británicos concedieron una amnistía política y suavizaron la censura, pero también racionaron los suministros, creando graves problemas de desabastecimiento y no poco descontento entre la población. Con los recursos petrolíferos a su alcance, asistieron a los soviéticos.
En la Conferencia de Teherán de 1943 se reunieron por vez primera Churchill, Roosevelt y Stalin. Los británicos alentaron la entrada de los estadounidenses en Irán en materia financiera y militar, algo que marcaría el futuro iraní. Asimismo, ya en 1944, no dudaron en intervenir en el parlamento y en las esferas políticas locales para evitar el acceso soviético a los yacimientos petrolíferos septentrionales.
La rivalidad subió de punto en 1945, cuando el Partido Democrático de Azerbaiyán proclamó la autonomía con el respaldo del Ejército Rojo. Los soviéticos también secundaron las aspiraciones de los kurdos de Mahabad. Todo anunciaba la ruptura de la Guerra Fría. La presencia militar anglo-soviética se prolongó hasta el verano de 1946, cuando los gobiernos de Azerbaiyán y Kurdistán se deshicieron, a la par que los soviéticos consiguieron el ansiado petróleo del Norte. La Segunda Guerra Mundial había acreditado hasta donde estaban dispuestas a llegar las grandes potencias en el control del valioso Irán.
Para saber más.
Rowena Abdul Razak, "But what would they think of us?" Propaganda and the Manipulation of the Anglo Soviet Occupation of Iran 1941-46, Iranian Studies, 2016.

