LA AGUERRIDA FLOTA DE LOPE DE HOCES. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

07.04.2026 12:39

               

                La guerra entre la Monarquía hispánica y las Provincias Unidas desbordó ampliamente los campos de batalla de los Países Bajos, librándose un verdadero conflicto global en distintos puntos del mundo. La Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales se propuso arrebatar el azucarero Brasil a los portugueses, entonces unidos a la Monarquía hispana, y en 1630 conquistaron las plazas de Olinda y Recife. Sus avances no se detuvieron, dominando en 1633 Itamaracá y Paraiba en 1634. Ese mismo año, tomaron la estratégica isla de Curaçao.

                Las conquistas neerlandesas amenazaron el corazón de los dominios ultramarinos ibéricos. Desde sus posiciones en el Caribe y en el Brasil, las fuerzas de las Provincias Unidas podían perturbar la navegación de las flotas de Indias, hacerse con el control de los metales preciosos del virreinato de Perú, extenderse con mayor eficacia hacia las aguas del Pacífico y atacar con mayor fuerza las posiciones hispano-portuguesas en Asia.

                Ante tal desafío, la maquinaria de la Monarquía hispánica reaccionó con pesadez, a despecho de las pretensiones de agilidad. Una creada junta de Curaçao unió sus deliberaciones a la ya establecida de Pernambuco, que poco había conseguido. Los integrantes de ambas deliberaron y propusieron a Su Majestad formar dos armadas para recuperar Curaçao y los territorios brasileños, lo antes posible. Vista la escasez de medios y los muchos compromisos militares de la Monarquía, el conde-duque de Olivares propuso que una sola flota se encargara de la colosal tarea de auxiliar a los atribulados portugueses del Brasil, reconquistar Curaçao y proteger la Flota de la Carrera de Indias.

                Al frente de semejante compromiso se puso al comandante de la Armada del Océano Lope de Hoces y Córdoba, de lealtad inquebrantable, ya afamado por sus acciones de Cumaná en 1633. El 7 de septiembre de 1635 salió de Lisboa al mando de treinta buques. Tras pasar por Cabo Verde, atacando a corsarios enemigos, alcanzó el 26 de noviembre la costa cercana a Recife. Nueve navíos neerlandeses salieron del puerto de Pernambuco y la flota hispana hubiera entrado en batalla con aquéllos de no impedírselo los bajos. Para evitar tales bajíos se navegó en dirección sur, a Las Lagunas, donde se desembarcó el auxilio a la vista de los neerlandeses. Después, emprendió singladura más hacia el sur, a San Salvador de Bahía, proveyéndola de nuevos socorros.

                Una vez reparadas sus naves, Lope de Hoces estaba decidido a acometer la reconquista de Curaçao. Sin embargo, el comandante de las naves portuguesas Rodrigo Lobo da Silva no se mostró conforme en junta de guerra, prefiriendo proteger la flota del azúcar en su ruta hacia Portugal. Visto el panorama, Lope de Hoces salió sólo el 16 de febrero de 1636 de San Salvador de Bahía al frente de una flota reducida a dos galeones, un patache y tres urcas.

                La robustez de la construcción naval del galeón era notable, con gran resistencia en las aguas atlánticas, disponiendo de varias cubiertas y sendos castillos de proa y popa. La nave capitana de Lope de Hoces fue el galeón La Concepción, de mil doscientas toneladas. Lo pilotó Alonso Fernández de Mangas, componiéndose su dotación de 216 marineros, 360 soldados de infantería y 98 artilleros. Tal fortaleza flotante se proveyó con sesenta cañones de bronce, doscientos mosquetes, veintitrés dardos y cuarenta bombas. El otro galeón, la nave almiranta San Lucas, tenía un arqueo menor, de ochocientas toneladas. Pilotada por Francisco González, con 144 marineros, 243 infantes y 48 artilleros, se armó con treinta y dos cañones de bronce, cuatro de hierro, ciento veinte mosquetes, treinta arcabuces y veintinueve bombas.

                El patache Jesús y María, con doscientas toneladas, sirvió de valioso apoyo a ambos galeones, pues su mayor ligereza y menor calado les advertía de los peligros en ciernes. Bajo el pilotaje de Juan Cordero, estuvo tripulado por 36 marineros, 53 infantes y 14 artilleros. Se armó con ocho cañones bronce, cuatro de hierro y treinta mosquetes.

                De las tres urcas o naves de carga panzudas no disponemos de información sobre su arqueo y quiénes las pilotaron. Sí sabemos que La Fortuna acogió 34 marineros y 119 infantes; la San Miguel Presa, 35 hombres de mar y 151 soldados de infantería; y la San Miguel Particular, 26 marineros y 156 infantes. Como a la flota se incorporaron 32 soldados del castillo de Portugal, sus efectivos humanos ascendieron a 491 marineros, 1.114 soldados de infantería y 160 artilleros.

                Tal ejército de los mares navegó bajo la formación en conserva. El galeón La Concepción, con funciones de capitana, marcó el rumbo en la vanguardia, ubicándose en la retaguardia la almiranta San Lucas. Ambos galeones, los puntos más robustos de la flota, pretendían atraer al enemigo para castigarlo con su poder artillero, apuntando a los mástiles de las naves contrarias. El patache Jesús y María no sólo alertaría del peligro en calidad de centinela explorador, sino también remolcar a las naves dañadas por el combate. En el centro de la formación navegaron las tres urcas, capaces de agruparse ante un ataque enemigo.

                La tarde del 18 de febrero de 1636 la flota de Lope de Hoces dio a la altura de Bahía de Todos los Santos con la neerlandesa, con ocho galeones de arqueo importante. A pesar de la desventaja, combatió de sol a sol del 19 al 20 de febrero. Insistió en proteger a su patache Jesús y María (particularmente expuesto), infringiendo hábilmente con su artillería daños a unos neerlandeses obligados a retirarse. Tras un combate tan desigual, no tuvo más remedio que reparar sus daños en Pernambuco, mientras la flota del azúcar pudo hacerse a la mar con mayor tranquilidad. En julio alcanzaría el puerto de Cádiz. El almirante y los hombres que lo siguieron no reconquistaron Curaçao, pero prácticamente hicieron el imposible ordenado por el conde-duque de Olivares.

                Fuentes.

                ARCHIVO GENERAL DE INDIAS.

                Contratación, 3031.