LA BATALLA DE LOS CASTILLEJOS (1 DE ENERO DE 1860).

01.08.2026 19:26

             

              “Yo vi a Prim en aquel supremo instante (pues me encontraba allí en compañía del famoso dibujante Vallejo), y en verdad te digo que la actitud del conde de Reus era sublime. Estaba lívido, sus ojos lanzaban rayos, su boca contraída dejaba escapar una especie de rugido salvaje.

              (…)

              “Ya lo había apurado todo: arengas, amenazas, órdenes, palabras de camarada y amigo. Por segunda vez había intentado aquella arremetida y por segunda vez el Regimiento de Córdoba se había estrellado contra una bocanada de viento cuajado de plomo (…) ¡Y el enemigo avanzaba entre tanto! ¡Y las posiciones conquistadas a precio de tanta sangre española iban a quedar por suyas! ¡Y el equipo de aquellos dos batallones caería en poder de los marroquíes! ¡Y España sería vencida por vez primera en el africano continente!

              (…)

              “El conde de Reus ve ondear ante sus ojos el estandarte de España que conduce un abanderado de Córdoba (…) Lánzase sobre la bandera, cógela en sus manos como si quisiese identificarse con ella, y rigiendo su caballo hacia las balas enemigas y volviendo la cabeza a los batallones que deja atrás exclama con tremebundo acento:

              “-¡Soldados! Vosotros podéis abandonar estas mochilas que son vuestras, pero no podéis abandonar esta bandera que es de la Patria. Yo voy a meterme con ella en las filas enemigas (...) ¿Permitiréis que el estandarte de España caiga en poder de los moros? ¿Dejaréis morir solo a vuestro general? ¡Soldados! ¡Viva la reina!

              “Dice y da espuelas a su caballo; y, sin reparar en si va solo o le sigue la infantería, cierra contra las huestes contrarias, con la bandera amarilla y roja desplegada al viento, suspendiendo por un instante la furia de los marroquíes, que contemplan asombrados tan grandiosa e impávida figura.

              “Los batallones de Córdoba no han sido sordos a aquella voz tan irresistible. ¡Viva nuestro general!, gritan vigorosamente y se abalanzan en pos suyo sobre los moros y arrostran una muerte segura y caen cadáveres sobre cadáveres y siguen arremetiendo.

              (…)

              “Aunque tan superiores en número los marroquíes (…) concluyen por retirarse, por abandonarnos sus armas, cadáveres y prisioneros, por apelar a la fuga.

              (…)

              “Esta ha sido la sangrienta batalla de los Castillejos, ganada por menos de ocho mil españoles contra todo el ejército marroquí, compuesto hoy de más de veinte mil combatientes, mandados por el príncipe Muley el Abbas, hermano del emperador de Marruecos.”

              Pedro Antonio de Alarcón, Diario de un testigo de la guerra de África, Madrid, 1880, pp. 191-193.

              Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.