LA CABALLERESCA CABALLERÍA DE SAN JORGE DE ZARAGOZA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

21.05.2021 11:03

               

                El aire de las ciudades medievales hacía libres a las personas, como desde la Edad Media se ha venido repitiendo por toda clase de gentes. Sin embargo, no impugnó las diferencias sociales, y los nobles tuvieron su asiento en las urbes con gran esplendor, mucho más allá de la Italia heredera de la grandeza de la civilización romana.

                En la península Ibérica, los nobles tuvieron un protagonismo destacado en las conquistas a los andalusíes. En los repartimientos de muchas ciudades fueron agraciados con bienes urbanos y rústicos, y en los concejos castellanos tomaron parte activa en su gobierno. Los caballeros e infanzones del reino de Aragón tampoco desaprovecharon la oportunidad de fortalecer su posición al abrigo de las ciudades, especialmente de la poderosa Zaragoza.

                En el siglo XIII ya habían conformado una agrupación o capítulo en defensa de sus intereses corporativos frente a otras fuerzas sociales y políticas. El 20 de marzo de 1291 ofreció su cooperación al consejo y a los gremios zaragozanos para asegurar la paz ciudadana.

                En 1457 tuvo a bien llamarse cofradía de justadores de San Jorge, el apreciado patrono de los caballeros aragoneses, y en 1506 el capítulo se convirtió en cofradía con funciones asistenciales para sus integrantes. Su sede se emplazó en las casas de la Diputación del reino de Aragón.

                Sin embargo, sus funciones militares, que parecían superadas, se recordaron en el belicoso siglo XVII, especialmente cuando la revuelta catalana abrió las puertas de la Península a las tropas de la Francia de Luis XIII. El 27 de mayo de 1644, la cofradía de caballeros e hidalgos de San Jorge de Zaragoza tuvo que auxiliar al rey.

                Con motivo del duro asedio de Lérida, se tomaron diversas provisiones. Los de la cofradía debían de asistir a la junta de los cuatro estados de la ciudad para conceder el servicio de los mil hombres por dos meses.

                Su voz y voto eran muy importantes a la hora de mover voluntades, aunque también se solicitó la presencia del rey Felipe IV en campaña como capitán y padre del fidelísima reino. Ser un caballero no era cualquier cosa.

                Fuentes.

                ACA. Legajos 1365, 039.