LA CHINA HAN, LA ROMA DE ORIENTE. Por Remedios Sala Galcerán.

28.05.2016 10:25

                

                Entre el 206 antes de Jesucristo y el 220 de nuestra era una parte considerable de Extremo Oriente estuvo regida por un poderoso imperio, el de la dinastía de los Han, coetánea del máximo poder de Roma. Sus emperadores llegaron a tener bajo sus órdenes  a 57.671.000 súbditos a comienzos de la era cristiana.

                La civilización china parece estructuralmente muy distinta a la occidental. Sin embargo, ambas presentan ciertas similitudes. La esencial es que un núcleo de intensa vida sedentaria se encontró periódicamente amenazado por las irrupciones nómadas.

                La extensión del imperio se logró tras largas guerras, que no siempre garantizaban la cohesión interior. Liu Bang, el primero de los Han, fue un potentado de Hanzhong que consiguió imponerse a sus oponentes con condiciones, ya que tuvo que reconocer la autonomía de los diez reinos de la mitad oriental de su imperio. Roma, en otras circunstancias, también concertó acuerdos de alianza y de federación que le supieron a poco en su momento. Atentos a las ocasiones, los emperadores Han castigaron la gran rebelión del 154 antes de Jesucristo restringiendo el autogobierno y poniendo a familiares al frente de aquellos reinos.

                Los nómadas septentrionales fueron tenaces enemigos que acertaron a forjar una poderosa coalición al Este de Samarcanda. La prohibición de venderles armas de hierro fue desoída por muchos comerciantes y los chinos se tuvieron que resignar durante un tiempo a pagarles tributos como objetos de seda.

                Con una posición más fuerte, pasaron a la ofensiva y entre el 133 y el 119 antes de nuestra era conquistaron sus principales fortalezas. Se aseguraron el control de los oasis e impusieron su protectorado en la cuenca del Tarim. A la conquista armada siguió la colonización por pueblos desplazados y la organización del territorio en comandancias, en un esfuerzo que recuerda el de la romanización en Europa.

                Los diplomáticos chinos alcanzaron el territorio romano y sus conquistadores se adentraron en Corea e Indochina. La expansión requería mayores fondos y se llegó a monopolizar por el Estado la producción de sal, hierro y licor. Se acuñó moneda de bronce que tuvo una gran difusión en el imperio. Algunos alertaron de los riesgos de la política expansionista, gravosa para campesinos y artesanos, y recomendaron la paz y la moderación fiscal.

                Con la llegada al poder, primero como regente, de Wang Mang (del 45 antes de Jesucristo al 23 de nuestra era) la situación se desbordó y afloró el descontento social. Su audaz política de prohibir la esclavitud, estatalizar la tierra para su redistribución y acuñar nueva moneda fue muy contestada. Para colmo se sumó la rebelión campesina de los Cejas Rojas, fortalecida por la miseria que sembraron las inundaciones del río Amarillo.

                El controvertido emperador murió asesinado al asaltar los rebeldes su palacio, pero en el 25 el imperio fue restaurado  por una rama de los Han, la oriental. China superó esta vez sin mayores complicaciones el período de anarquía.

                Se restableció la vida comercial con mayor fluidez y la alianza puntual con el imperio kushano rindió óptimos resultados hacia el 102. Los eunucos, como los libertos de Claudio, ganaron un fuerte peso en la administración, lo que despertó la inquina de los estudiantes de la Universidad Imperial. Las ejecuciones de aquéllos no frenaron el descontento social, mucho más profundo. En el 184 los rebeldes del movimiento del Turbante Amarillo, de raíz taoísta, esgrimieron creencias apocalípticas, a la espera de un mundo mejor. Las rivalidades políticas trastocaron más el orden imperial. Reaparecieron las guerras entre potentados que se comportaban de forma independiente y la gran batalla de los Acantilados Rojos sellaron la disolución final del imperio de los Han, que rigieron un período de enorme creatividad de una China que hoy en día es uno de los grandes colosos de nuestro mundo.