LA CONEXIÓN MEDITERRÁNEA DE FINES DE LA EDAD DEL BRONCE. Por José Hernández Zúñiga.

26.02.2016 06:53

                

                Los primeros navegantes del mar Egeo no fueron los minoicos, sino los barqueros de las islas que se dedicaron tanto al comercio como a la piratería. Los fenicios supieron sacar buen provecho de sus conocimientos náuticos, trasladando cargas de madera de cedro a Egipto, gran consumidor de productos de lujo y de materiales constructivos.

                En este mar cada vez más conectado irrumpieron una serie de pueblos que nos solo crearon perturbaciones. Al crear nuevos poderes con sus cortes principescas establecieron mayores centros de consumo suntuario. Los aqueos instaurarían los reinos micénicos, cuyas ciudadelas y tumbas dan buena cuenta de su fortaleza.

               

                El eslabón entre fenicios y micénicos en el segundo milenio antes de Jesucristo fueron los cretenses expuestos a la furia de los terremotos y gobernados por monarcas de genealogía mítica. Sus laberínticos palacios no emergieron de las brumas de la leyenda, sino de una sólida organización comercial que enlazaba el valle del Nilo, el litoral asiático y la península Balcánica.

                El lujo de los egipcios fue llevado a las manos de los micénicos, que asimismo resultaron muy capaces de establecer con los mares Báltico y del Norte a través de la ruta del ámbar, además de con la península Itálica. El fenómeno de la heroización de ciertos personajes cabalgó a lomos del consumo aristocrático de productos suntuosos como espadas, yelmos o elaborados recipientes cerámicos, de exquisita decoración. El origen de la civilización etrusca y de la ibera, después del período orientalizante de Tartessos, está directamente vinculado a este universo interrelacionado, capaz de dar vida como de procurar la muerte por conquista.