LA CONQUISTA DEL ALGUER. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

02.06.2026 12:37

             

              La Corona de Aragón y Génova terminaron enfrentándose por la hegemonía en el Mediterráneo Occidental de la primera mitad del siglo XIV. El dominio de Cerdeña era de gran importancia, empeñándose los aragoneses en tal empresa. En agosto de 1353 las espadas estaban el alto y la flota de Bernat de Cabrera derrotó a la genovesa en Porto Conte. A continuación, el almirante tomó la estratégica plaza del Alguer, donde dejó una pequeña guarnición de casi doscientos infantes al mando de Gispert de Castellet.

              Las gentes de la ciudad no estaban dispuestas a someterse. No les costó demasiado ni a Génova ni al juez de Arborea Mariano IV, gran enemigo de Aragón en la isla, alentar su rebelión. Al poco de partir Cabrera, los soldados dejados allí terminaron masacrados, extendiéndose las iras a los mercaderes aragoneses.

              El control del Alguer no era nada baladí, pues aseguraba el de Cerdeña y el de vitales rutas de navegación y comercio. La ciudad, además, era una auténtica fortaleza. Se emplazaba en una pequeña península que se avanzaba hacia el mar, en un terreno que dificultaba hasta el extremo la excavación de minas o el asalto con torres de madera. Por otra parte, la escasa profundidad de sus aguas circundantes vedaba las arremetidas de los espolones de las galeras contra las defensas.  

              Conscientes del reto, los aragoneses prepararon una gran expedición, dirigida por el mismo Bernat de Cabrera como almirante y Bernat de Ripoll en calidad de su vicealmirante. El dinero empleado fue cuantioso. En el Parlamento de Vilafranca del Penedés de 1353 se concedieron al rey Pedro el Ceremonioso 70.000 libras catalanas, equivalentes a unos catorce millones de euros actuales. En Parlamentos posteriores celebrados en Barcelona se recabaron 150.000 más, unos treinta millones de euros. Para pagar tal montante, tras los zarpazos de la peste negra, ciudades como Barcelona tuvieron que contraer nuevos títulos de deuda (censales y violarios). Aunque el estamento eclesiástico y la nobleza también tuvieron que contribuir, la ciudad de Barcelona cargó con el el 40% de toda la aportación de Cataluña. A la expedición acudieron igualmente gentes del reino de Mallorca (sometidas al rey de Aragón desde 1343) y del de Valencia, que no pudo movilizar lanceros y ballesteros mudéjares por el apoyo financiero del Papa.

              Del puerto de Rosas salió una flota de sesenta galeras y veinte naves de transporte, que a partir del 22 de julio de 1354 bloqueó la ciudad del Alguer junto a las treinta galeras de Venecia, aliada de Aragón y rival de Génova. Los aragoneses desplegaron mil caballeros, quinientos jinetes y unos diez mil peones, con presencia de ballesteros. Deben de tenerse en consideración, además, los once mil hombres de mar que tomaron parte en la campaña.

                En el Alguer se presentó el noble genovés Brancaleone Doria, con grandes intereses en Cerdeña. Entonces, se puso en pie la hueste municipal, compuesta por cerca de dos mil hombres para una población de unas cinco mil personas. Los Doria habían alentado la construcción de un notable sistema defensivo, con muros de bloques gruesos de arenisca, torres cuadradas de flanqueo y adarves elevados. Un foso defensivo protegía el istmo de la península, por si fuera poco.  

                El asedio se mantuvo durante cinco meses, sufriendo los sitiadores las fiebres de las marismas. El intercambio de proyectiles se convirtió en una rutina. Si los aragoneses dispusieron de dos fundíbulos y tres almajaneques más pequeños, los defensores respondieron con dos fundíbulos y al menos seis ballestas de torre.

                Una vez que los aragoneses lograron firmar la paz con el juez de Arborea, rindieron la ciudad el 16 de noviembre de 1354. Se vació el Alguer: los genoveses tuvieron que embarcarse y los sardos marchar hacia los feudos de los Doria en la isla.

                La conquistada ciudad fue repoblada por gentes del Campo de Tarragona, el Penedés y el reino de Mallorca y Valencia desde 1354. Casi la mitad de los 1.500 cabezas de familia que se establecieron procedían del Campo de Tarragona. Los mallorquines supusieron una cuarta parte de los recién llegados, correspondiendo el resto a barceloneses, ampurdaneses y valencianos. Pronto empezó la ciudad a ser llamada Barceloneta, donde comenzó a hablarse el catalán.

                En 1355 viajó Pedro IV a la isla, donde anunció el 15 de febrero la unión del Alguer a su Corona. De entonces data su organización municipal a la catalana. Sin embargo, los recién llegados tuvieron que vérselas desde sus comienzos con la hostilidad del entorno, que terminó cristalizando en la gran revuelta sarda de 1372. Aquella atribulada comunidad comenzó la explotación del valioso coral y recibió judíos de 1360 a 1391, conformándose una judería de treinta cabezas de familia. A mediados del siglo XV, el Alguer ya se había convertido en una próspera ciudad gracias a su posición estratégica, el aprovechamiento del cotizado coral y las iniciativas de hombres de negocios como los judíos.

              Para saber más.

              Marcel A. Farinelli, Història de l´Alguer, Barcelona, 2014