LA DISIDENCIA DE PRISCILIANO.
“Prisciliano, tras caer en la herejía de los gnósticos, fue ordenado obispo de Ávila por los obispos que había reunido en su depravación intelectual, y juzgado por varios concilios episcopales, se dirigió a Roma, Italia (en el 386). Al no permitírsele reunirse con los obispos Dámaso y Ambrosio, regresó a la Galia con quienes lo acompañaban. Allí, nuevamente declarado hereje por San Martín y otros obispos, apeló al César: en ese momento, en la Galia, el tirano Máximo ostentaba el poder imperial.
“Prisciliano, depuesto de su episcopado por la herejía antes mencionada, fue decapitado en Tréveris (en el 387), bajo el tirano Máximo, junto con el laico Latroniano y algunos de sus seguidores. A partir de entonces, la herejía priscilianista se extendió por Galicia.
“En la provincia de Cartagena, en Toledo, se celebró (en el 400) un sínodo de obispos durante el cual Sinfosio y Dictinio y otros obispos de la provincia de Galicia condenaron a Prisciliano y su lamentable herejía, adoptando una profesión de fe. Se adoptaron ciertas normas para la disciplina eclesiástica; se informó del caso del obispo Ortigio: ordenado en Celenis (Caldas de Reis), expulsado de allí por bandas priscilianistas por defender la fe cristiana, pues había sido expulsado por las facciones.”
Idacio, Cronicón. Edición de Marcelo Macías, Orense, 1906.
Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.

