LA FLOTA DEL AZÚCAR DE BRASIL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

26.04.2026 12:02

               

                El Brasil se convirtió en tierra de promisión para el azúcar bajo los portugueses. En la capitanía de San Vicente fue introducido en 1532 por Martín Alfonso de Sousa, extendiéndose posteriormente al área de Pernambuco. La expansión del cultivo de la caña y de la producción de azúcar fue tal que en los ingenios se recurrió a la mano de obra esclava de origen africano, especialmente a partir de 1570.

                En estas primeras etapas, los portugueses trasladaban el cotizado azúcar a Lisboa en carabelas y naos que navegaban libremente, sin someterse a los imperativos de viajar en convoy. Sin embargo, su carga tentó a más de uno. Por si fuera poco, los neerlandeses (opuestos a la Monarquía hispánica) combatieron denodadamente para arrebatar el Brasil azucarero a los portugueses.

                En vista del peligro, se organizó en 1631 una primera flota azucarera, al mando de Antonio de Oquendo, con más de dieciséis navíos militares para brindar protección. Zarpando desde Lisboa, seguía el modelo de las naves españolas de la Carrera de Indias que salían de Sevilla.

                Esta fórmula se perfiló todavía más tras la separación de Portugal de la Monarquía hispana. En 1649 se estableció oficialmente la Flota del Brasil, de la mano de la Compañía General de Comercio del Brasil, abierta a capitalistas portugueses y extranjeros. La Compañía gozó del monopolio de venta de la harina, el vino, el aceite y el bacalao a cambio de géneros tan valiosos como el azúcar.

                Con unas treinta y seis naves de guerra de escolta que determinaban la navegación en conserva (con la capitana en vanguardia y en retaguardia la almiranta), la flota salía de Lisboa entre mediados de diciembre y enero. Tras alcanzar Pernambuco, la bahía de Todos los Santos y Río de Janeiro, retornaba a Europa entre finales de mayo y julio. Por la protección dispensada, los hombres de negocios pagaban el derecho de avería, al modo de las flotas españolas que cruzaban el Atlántico.

                Se ha reconocido la importancia del sistema de flotas de la Compañía a la hora de vencer a los neerlandeses en Brasil. Sin embargo, su éxito fue minado por la competencia de los azúcares antillanos desde la segunda mitad del siglo XVII y por la atracción del oro de Minas Gerais entre los propios portugueses. Con el tiempo declinó, hasta ser desmantelada la Compañía en 1765, en los tiempos del reformismo ilustrado que decidió prescindir de sus métodos.

                Para saber más.

                Daniel Strum, O Comércio do Açúcar: Brasil, Portugal e Paises Baixos (1595-1630), Río de Janeiro, 2012.