LA FORMACIÓN DE UN ESTADO-SATÉLITE, LA RDA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
Durante la Segunda Guerra Mundial el nazismo pensó que el toque de difuntos de la URSS se encontraba muy próximo, pero fueron los soviéticos los que lo entonaron por la Alemania nazi. Los antiguos aliados de Hitler avanzaron hacia territorio alemán, cubriendo en enero de 1945 las distancias que separan los ríos Vístula del Óder. El Ejército Rojo llegó a unos sesenta kilómetros de la imperial Berlín, una castigada ciudad por la que se libró una porfiada batalla del 16 de abril al 2 de mayo. Los soviéticos alzaron su bandera roja en señal de triunfo.
Los soldados soviéticos no trajeron la liberación, sino una ocupación, por mucho que se proclamara que se había aplastado a los nazis. Los airados soviéticos, agraviados por las atrocidades cometidas por los alemanes en su territorio, se cobraron una feroz venganza, que pagaron numerosas mujeres violadas. Con una URSS quebrantada por los combates, desmantelaron fábricas y requisaron alimentos, justo en un momento de fuerte escasez para la población civil alemana. Se pasaron de consumir una media de unas tres mil calorías diarias por persona en 1939 a poco más de 700 en la cruda posguerra.
Los alemanes que habían dispuesto de la incautación de víveres de los países que habían ocupado eran ahora los incautados, mientras que sobre ellos se establecía una autoridad aliada, de la que formaban parte inevitable los soviéticos. Agravó todavía más la situación la pérdida de la cuarta parte del territorio de Alemania en provecho de la URSS y de la renacida Polonia (mermando las hectáreas de tierra fértil), la afluencia de refugiados de origen alemán y el asolamiento de numerosas infraestructuras de transportes.
Por mucho que los ocupantes soviéticos de los territorios germano-orientales se reservaran, como reparación de guerra, el control de las valiosas industrias mineras, químicas y metalúrgicas (no devueltas hasta 1954), desearon presentarse como liberadores en nombre del comunismo. En abril de 1946 fusionaron el Partido Comunista con el Partido Socialdemócrata, aplicando las consabidas purgas y promocionando a los estalinistas más fiables, como Wilhelm Pieck o Walter Ulbricht. Ciertamente, se clamó contra el nazismo, pero los soviéticos reutilizaron los campos de Sachsenhausen y Buchenwald hasta 1950. De las 120.000 personas internadas en todos los campos se estima que un tercio murió por hambre, frío o enfermedades.
Por muy dramática que resultó la situación en el Invierno del Hambre de 1946-47, Stalin no accedió a que sus dominios se beneficiaran del Plan Marshall. Floreció el mercado negro en áreas como el Berlín Oriental, durando las cartillas de racionamiento hasta finales de los años cincuenta. En este clima la Guerra Fría libró una de sus batallas más destacadas, la del bloqueo de Berlín. Alemania se fragmentaba, una vez más, ante el choque de los anteriores aliados, y el 7 de octubre de 1949 se estableció la República Democrática Alemana, regida por el títere de la URSS, el Partido Socialista Unificado.
Las sesiones de los tribunales de Waldheim, de abril a junio de 1950, se propusieron depurar expeditivamente la administración y la sociedad del naciente Estado de nazis. Se dictaron 3.324 condenas, de las que 33 fueron de muerte. Ya en 1945 se habían expropiado bienes a antiguos nazis, criminales de guerra y hacendados de más de cien hectáreas. Bajo el lema la tierra de los junker en manos de los campesinos, se estableció un fondo de más de dos millones de hectáreas expropiadas para ser distribuidas entre más de medio millón de personas, fundamentalmente campesinos pobres y refugiados. Entonces proliferaron por un tiempo las granjas individuales de una u ocho hectáreas. También se expropiaron las empresas de criminales de guerra, votándose en 1946 en Sajonia la nacionalización de la industria. No obstante, se permitió por el momento la existencia de pequeñas y medianas empresas controladas por el Estado como asociado, proveedor de materias primas y establecedor de niveles de precios. Asimismo, la flamante RDA dispuso de una verdadera espada para atajar la oposición interna desde el 8 de febrero de 1950, el Ministerio para la Seguridad del Estado, la temida Stasi que emplearía los métodos de vigilancia masiva y de descomposición de las vidas de los disidentes.
La implantación del sistema comunista se vivió de forma distinta en cada una de las grandes regiones de la RDA. En la tradicionalmente conservadora Mecklemburgo se padeció la colectivización forzosa, pero se incentivaron los astilleros de Rostock y no hubo una oposición tan fuerte como en otros puntos. El desarrollo de la industria pesada y química en Brandeburgo y Sajonia-Anhalt dejó una notable contaminación. Las meridionales Sajonia y Turingia asistieron al desarrollo de la minería de lignito y de los centros de óptica y microelectrónica, pero su fuerte tradición socialdemócrata condujo a un enfrentamiento con el régimen. Por mucho que en el Berlín Este se tratara de ofrecer una imagen de abundancia, los trabajadores de las obras de la avenida Karl Marx iniciaron la revuelta de 1953.
En la Alemania Oriental la oposición no ofreció resistencia armada, como la rumana en las montañas hasta la década de los cincuenta, pero el peso del estalinismo también resultó terrible. Hasta 1994 los soviéticos tuvieron acantonados cerca de 400.000 soldados, particularmente en enclaves como el de Wünsdorf, subordinando al Ejército Popular Nacional de la RDA, que formó parte del Pacto de Varsovia desde su fundación el 14 de mayo de 1955. Aquella Alemania, que perduró hasta el 3 de octubre de 1990, se convirtió en un ejemplo de Estado-satélite del imperio soviético.
Para saber más.
Anna Funder, Stasiland: Stories from behind the Berlin Wall, Melbourne, 2002.
