LA ORGULLOSA MESINA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

28.03.2026 11:17

              

               La ciudad de Mesina fue una verdadera república urbana dentro del reino de Sicilia y de la extensa Monarquía hispánica de los Habsburgo. Su identidad, más allá de los rasgos culturales, se fundamentaba en su particular estatuto legal, en la serie de privilegios que le habían ido reconociendo los monarcas de la isla desde el siglo XI, el de la conquista normanda. A este respecto, los Austrias fueron unos continuadores de los reyes normandos, angevinos y aragoneses.

               Enclavada en un estratégico paso mediterráneo, terminó controlando económicamente tanto el Noreste siciliano como la Calabria. Su acaudalado patriciado supo obtener el máximo de los beneficios de la exportación de seda de las comarcas vecinas, tan afamada que las galeras genovesas se dedicaban más en 1570 a su transporte que a la defensa contra las naves otomanas.

               Tan rica comunidad no sólo terminó imponiendo en 1591 el monopolio de la exportación de la seda del Noreste siciliano (de valor singular para obtener fondos para la compra de grano), sino otros privilegios de gran importancia política y simbólica. Además de reservarse a sus naturales el ejercicio de las magistraturas (al modo de los reinos hispánicos de la Corona de Aragón), sólo pudieron juzgar a sus ciudadanos los tribunales de la misma. Los virreyes, por mucho que lo eludieran, tuvieron que ser residenciados o inspeccionados cada tres años durante un generoso plazo de dieciocho meses. Así pues, todo agente de la autoridad que se opusiera a las prerrogativas de Mesina podía ser declarado legalmente odioso. Tan orgullosa ciudad consiguió su propia universidad en 1596 y que su galera figurara en primer lugar en la flota real siciliana.

               En 1612 Mesina se encontraba en pleno florecimiento, si atendemos a las observaciones de los avispados agentes del duque de Toscana, cuando a su puerto arribaban naves de Inglaterra, los Países Bajos y Francia para seguir su singladura hacia el Levante otomano o conseguir sus preciados productos. Los privilegios, a veces discutidos por virreyes como Osuna, ayudaron a mantener tal prosperidad. Preservar el de exportación de la seda costó un donativo de 180.000 escudos al monarca, además de renunciar al cobro de otros 150.000 de las cajas reales.

               Rivalizó con otra gran ciudad siciliana, Palermo, y en 1629-30 propuso la división del reino insular en dos mitades, con sendos virreyes, llegando a ofrecer a Felipe IV unos 800.000 escudos. Sin embargo, nunca se formó el virreinato siciliano de Mesina. Es más, se revocó en 1664 su privilegio sedero, por mucho que su patriciado hubiera apoyado a la Monarquía hispánica en sus combates italianos y mediterráneos. De esta manera se sentaron las bases de la futura rebelión de 1674-78, en la que el orgullo de Mesina volvió a manifestarse con intensidad.

               Para saber más.

               Giuseppe Gabriele Campagna, Dinamiche político-istituzionali di una città mercantile in una monarchia policéntrica gli eulogi di controprivilegio dell´Universitas Messanae, Universidad de Mesina, 2021-22. Tesis doctoral en línea.