LA PESTE ATACA LOS DOMINIOS LOMBARDOS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

30.08.2025 11:52

              

               Los comienzos de la Edad Media (la Antigüedad Tardía para más de un estudioso) se vieron zarandeados por importantes crisis ambientales. Las importantes erupciones volcánicas del 535-6 ocasionaron el enfriamiento de la Pequeña Edad del Hielo de la Antigüedad Tardía, con malas cosechas y hambrunas en tierras como las de Irlanda. En el 541 una epidemia de peste comenzó a extenderse por la cuenca del Mediterráneo y el continente europeo, cuyos estragos han sido comparados con los de la epidemia de 1348. Si en el imperio romano de Oriente su impacto fue severo, en el Norte de Europa disminuyeron los asentamientos humanos y aumentaron los bosques. La peste volvió a atacar en las siguientes décadas, con importantes brotes en el 558-61, 570-4, 588-91, 599-600, 614, 627-8, 639-40 y 678-80. Este último atacó con dureza Italia, como nos ha transmitido en su Historia de los lombardos Pablo Diácono (Libro VI, Capítulo V):

               “En estos tiempos, durante la octava indicción (680), la luna sufrió un eclipse; también se produjo un eclipse de sol casi a la misma hora el quinto día antes de las nonas de mayo (el 3 de mayo), alrededor de la décima hora del día (de tres a cuatro de la tarde). Y luego sobrevino una peste muy grave que duró tres meses, es decir, en julio, agosto y septiembre, y fue tan grande la multitud de moribundos que incluso padres con sus hijos y hermanos con sus hermanas fueron colocados en féretros de dos en dos y conducidos a sus tumbas en la ciudad de Roma. De igual manera, esta peste también despobló Ticinum (Pavía), de modo que todos los ciudadanos huyeron a las sierras y a otros lugares, y la hierba y los arbustos crecieron en el mercado y por todas las calles de la ciudad. Y entonces, a muchos les pareció visible que un ángel bueno y uno malo recorrían la ciudad de noche, y cuantas veces, por orden del ángel bueno, el ángel malo, que parecía llevar una lanza de caza en la mano, llamó a la puerta de cada casa con la lanza, tantos hombres perecieron en esa casa al día siguiente. Entonces, por revelación, se le dijo a cierto hombre que la peste no cesaría antes de que se colocara un altar de San Sebastián, el mártir, en la iglesia del bienaventurado Pedro, llamada Ad Vincula. Y así se hizo, y después de que los restos de San Sebastián mártir fueron llevados desde la ciudad de Roma, enseguida se instaló el altar en la mencionada iglesia y la peste misma cesó.”