LA REÑIDA BATALLA DE ORMUZ. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

11.03.2026 07:14

              

               El estrecho de Ormuz siempre ha sido un espacio de singular valor comercial. En 1615 el Shah Abbas de Persia comenzó a disputárselo a los portugueses, que se habían hecho fuertes allí desde comienzos del siglo XVI. Sin embargo, el Shah se encontraba también en lucha contra los turcos otomanos y pretendió granjearse la alianza de Felipe III, el monarca de las coronas portuguesa y castellana.

               Por mucho que castellanos y portugueses tuvieran un rey común, sus intereses diferían en importantes puntos. Mientras los primeros deseaban fortalecer su posición mediterránea y cimentar su entendimiento con los ingleses (aliados de los persas), los segundos no querían renunciar a su hegemonía en el golfo Pérsico. Para limar asperezas se creó en 1618 la Junta de Persia, compuesta de representantes de los Consejos de Castilla y de Portugal, pero no se avanzó mucho. El acuerdo mercantil con Persia, con la seda como gran protagonista, no fraguó. Los portugueses mandaron finalmente a Ruy Freire de Andrada como general del mar de Ormuz y de la costa de Persia y Arabia para reforzar sus posiciones.

               El Shah sumó sus fuerzas a las de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, conquistándose la isla de Ormuz el 23 de abril de 1622. Los portugueses tuvieron que retirarse a Mascate, en la cercana costa de Omán, sin renunciar a su recuperación.

               Hacia Ormuz salió la armada portuguesa de la India Oriental a inicios de febrero de 1625. Su capitán general era Nuño Álvarez Botelho, contando con ocho galeones. Se enfrentaba a una fuerza combinada de doce naos de las Compañías Inglesa y Holandesa de las Indias Orientales. Por entonces, las Provincias Unidas habían reanudado oficialmente su guerra contra la Monarquía hispánica.

               Se navegó con mal tiempo y sin detenerse a reparar los daños para alcanzar lo antes posible Ormuz. Se llegó un 10 de febrero. Al alba del día siguiente comenzó la batalla. Los galeones San Sebastián, Santiago y la Almiranta se introdujeron entre la formación anglo-holandesa, pero los vientos contrarios impidieron el abordaje. Los portugueses no dispusieron de naves de remos suficientes para remolcar los galeones, excepto las tres recién llegadas del general Ruy Freire. Ingleses y neerlandeses consiguieron huir soltando las velas.

               Al amanecer del 12 de febrero, miércoles de Ceniza, el viento arreció, ocasionando males el aparejo del San Sebastián, lo que determinó el ataque anglo-holandés. Mataron al almirante portugués y a otros oficiales. Llegaron a disparar contra la Capitana hasta mil quinientas cargas, sin conseguir rendirla. También fracasaron en su intento de apoderarse del Trinidad.

               Vistos los daños en los mástiles y en las jarcias, junto a la muerte de no pocos de sus oficiales, los portugueses pensaron refugiarse en Mascate, temiendo la furia de los temporales. Sin embargo, Ruy Freire y Nuño Álvarez Botelho determinaron mantener la posición de su armada, pues temieron que los anglo-neerlandeses pudieran hacer aguada en el cercano litoral árabe.

               Así permanecieron los portugueses hasta el 23 de febrero, cuando sus contrarios arremetieron con once naos anglo-holandesas y tres musulmanas. En medio de un gran temporal de viento se combatió en el tramo más angosto de aquel estrecho, quedando en tablas la reñida batalla. Por mucho que los persas trataran de inducir a sus aliados cristianos a combatir nuevamente, con el ofrecimiento de seda un tercio más barata, no se emprendió una nueva acción contra los portugueses. Tras aquella batalla, los portugueses pactaron con los persas comerciar por el puerto de Bandar Kong, aunque sus días de hegemonía ya se encontraban en declive.

               Fuentes.

               ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL.

               Diversos-Colecciones, 28, N. 50.