LAS DESESTABILIZADORAS RIVALIDADES BALCÁNICAS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.
La vencida Francia en 1871 fue temida por la Alemania de Bismarck, que se tomó muy en serio sus deseos de desquite. Para privarla de posibles aliados, el emperador de Alemania se reunió con sus homólogos de Austria-Hungría y Rusia en 1872. Se firmó entre Alemania y Rusia un convenio en 1873 y Austria-Hungría se declaró neutral en una situación de conflicto franco-alemán. A tal entendimiento se sumó Italia en 1874.
La situación balcánica, con un imperio otomano en descomposición, violentó tal coalición. El levantamiento de Bulgaria y Bosnia-Herzegovina en 1875 contra los turcos provocó serias discrepancias entre rusos y austro-húngaros, a pesar de intentar acordar un reparto de los Balcanes en 1877. Las acciones serbias con el apoyo de Rusia, la aparición de una posible Gran Bulgaria y la ocupación británica de Chipre condujeron a un punto crítico, que en 1878 pudo superarse. Se acordó la independencia definitiva de Rumanía, Serbia y Montenegro, y Bulgaria permaneció como principado tributario de los otomanos, sin Macedonia ni Rumelia. Si Austria-Hungría podía quedarse con Bosnia-Herzegovina, Rusia podía ocupar Besarabia.
Consciente de las rivalidades entre ambas, Bismarck movió sus cartas con astucia. Aunque en 1879 se firmó secretamente la alianza austro-alemana contra Rusia, Bismarck logró en 1881 que Rusia fuera neutral en una guerra franco-alemana. Al año siguiente se alcanzó la Triple Alianza entre Alemania, Austria-Hungría e Italia. A despecho de los enfrentamientos entre serbios y búlgaros, la estabilidad se mantuvo en los Balcanes y en el resto de Europa.
Se ha apuntado la dimisión de Bismarck en 1890, con la asunción por Guillermo II de destacadas responsabilidades diplomáticas, como el punto de arranque de importantes cambios en la escena internacional. Si en 1892 Rusia suscribió un convenio militar con Francia, en 1904 franceses y británicos acordaron una Entente.
El aislamiento francés había saltado por los aires, con una Rusia que escapaba del área de influencia diplomática de Alemania y con una Gran Bretaña cada vez más temerosa del poder alemán. En 1905 Guillermo II intentó romper la naciente alianza, con su desembarco en Tánger a favor de la política de puertas abiertas en Marruecos. Sin embargo, la Triple Entente se consolidó plenamente en 1907. En el siguiente año los austro-húngaros anexionaron Bosnia-Herzegovina, alimentando la indignación serbia y rusa.
Aunque en 1912 pudo cerrarse la segunda crisis marroquí con un acuerdo colonial franco-alemán, la situación del imperio otomano y de los Balcanes no invitaban al optimismo. Si en 1911 los italianos atacaron la Libia otomana, los serbios y los búlgaros atacaron al año siguiente Macedonia con la aquiescencia rusa. Montenegrinos y griegos se sumaron al ataque, y se declaró independiente Albania. En una primera guerra balcánica se alzó con el triunfo Bulgaria, pero fue en una segunda la gran derrotada, que no consiguió lo pretendido en Bulgaria en el tratado de Bucarest de 1913. En aquellas circunstancias, Austria-Hungría fue detenida por Alemania, algo que no acontecería en 1914, cuando el reñidero balcánico accionó una gran guerra que se libró por razones que fueron mucho más allá de su territorio y sus gentes.
Para saber más.
William Young, German Diplomatic Relations 1871-1945, Londres, 2006.

