LAS INVASIONES ARAMEAS. Por Esteban Martínez Escrig.

07.08.2015 00:03

                La cultura de numerosas personas del antiguo Oriente Próximo quedó marcada por un proceso acaecido fundamentalmente entre el 1100 y el 1000 antes de Jesucristo, las llamadas invasiones arameas.

                Los arameos formaban parte de los pueblos del tronco de las lenguas semitas y se establecieron en numerosas áreas rurales tras una serie de peripecias, lo que contribuyó a extender notablemente el arameo a nivel popular. De hecho se convirtió en la lingua franca del imperio de los persas aqueménidas.

                La irrupción de los arameos a veces ha sido presentada por algunos historiadores como una invasión similar a la de los pueblos bárbaros que quebrantaron el imperio romano en Occidente. Según esta óptica, así comenzó una especie de edad media u obscura que perturbó las relaciones comerciales.

                

                Hoy en día se tiene en cuenta que las primeras referencias a los invasores figuran en los Anales del monarca asirio Tiglatpileser I, empeñado en extender su dominio frente a Babilonia y hacia la costa mediterránea. Logró rechazarlos, pero a la larga el esfuerzo de Estados como el asirio pasó factura al igual que a bizantinos y persas ante los árabes posteriormente.

                Los invasores formaban una coalición de gentes, cuyas motivaciones últimas suponemos más que conocemos. Se ha barajado la recurrente hipótesis de las crecientes dificultades climáticas, no siempre  bien probada, que empujaron a los pueblos del borde del Creciente Fértil fuera de sus áreas anteriores. Quizá también nos encontremos ante la emergencia entre estos pueblos de un grupo aristocrático deseoso de reafirmar su prestigio y riquezas a través de las incursiones conquistadoras.

                    

                En esta coalición de gentes, cuya naturaleza exacta no podemos precisar, sobresalieron finalmente los arameos. Se enfrentaron con decisión a los reinos neo-hititas surgidos del declive de las anteriores potencias. Los conquistadores ocasionaron no pocos movimientos, pero su área preferente de expansión terminó recayendo en el curso medio del río Eúfrates, lo que no dejó de interferir en las comunicaciones imperiales y mercantiles de los asirios. Para recuperar su posición debieron de emprender duras campañas que curtieron su ya de por sí belicoso temperamento.

                Los arameos a veces fueron capaces de forjar pequeños principados, como el conformado alrededor de Alepo, aunque manifestaron su interés por los espacios rurales frente a los urbanos a la hora de asentarse. A la larga, asirios y babilonios lograrían recuperar su fuerza imperial, pero muchos campesinos quedaron impregnados de la cultura aramea. No en vano Jesucristo habló con soltura su idioma.