LÍMITES DEL CESARISMO EN LA HISPANIA BAJOMEDIEVAL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

05.02.2026 08:10

              

               Durante la Baja Edad Media se desarrolló con variantes en la península Ibérica el cesarismo monárquico, como en otros lugares de la Europa cristiana. Los monarcas reafirmaron su autoridad según cánones tomados de la idealizada Roma imperial. De todas maneras, el poder real pudo ser limitado por varios elementos.

               Los pares nobiliarios del monarca supusieron con frecuencia un serio contrapeso. Aunque en el reino de Valencia la más encumbrada nobleza se mostró generalmente obediente, en la Corona de Castilla tuvo una actitud levantisca, sin cuestionar el principio de suprema autoridad real y su concreción institucional. Sin embargo, en los reinos de Navarra y Aragón los nobles disidentes llegaron a forzar cambios institucionales. En un conflicto entre el rey y sus principales magnates la baja nobleza pudo escoger partido según sus conveniencias.

               Las ideas cristianas fueron utilizadas para legitimar la autoridad real, pues el monarca lo era por la gracia divina. Sin embargo, los representantes eclesiásticos del Altísimo en este valle de lágrimas lo pusieron en aprietos al esgrimir sus privilegios. Los pujantes letrados resultaron de singular valor al emplear el renacido Derecho Romano en favor del rey, pero en el principado de Cataluña también figuraron en las filas de la correosa oposición constitucional. Tradicionalmente se ha convertido a la burguesía de negocios como interesada colaborada del cesarismo, olvidándose los particularismos de los patriciados urbanos.

               Frente a tales obstáculos, ese gran señor feudal que era el rey dispuso de distintas potestades para hacer efectiva su autoridad. A pesar de la presencia de figuras como el condestable o el almirante de Castilla, todavía se mostraron los monarcas como conductores de tropas en el campo de batalla, acreditando a veces ímpetus caballerescos frente a sus rivales. La guerra de los Dos Pedros tuvo mucho de duelo personal. Asimismo, el rey ejercitó su poder como administrador de la justicia de Dios, emanando de tal atribución la autoridad de instituciones como las Chancillerías o Audiencias castellanas.

               Se hizo también un notable uso de los veteranos mecanismos del auxilio y del consejo. En la Baja Edad Media se llegó a conmutar el auxilio militar por varios pagos en metálico, lo que favoreció la contratación de unidades mercenarias como las Grandes Compañías. La convocatoria y celebración de Cortes, por otro lado, plasmó el principio del consejo, resultando a la larga más vinculantes de las de la Corona de Aragón que las de Castilla.

               Por supuesto que sin la cooperación de oficiales y potentados locales el cesarismo hubiera quedado en mero papel mojado, y al final la afirmación de la autoridad real fue de la mano de un acuerdo más o menos tácito entre el coronado señor y sus vasallos. Parte del éxito de los Reyes Católicos consistió en ello.

               Para saber más.

               Charles E. Dufourcq, Historia económica y social de la España cristiana en la Edad Media, Barcelona, 1983.