LOS DESAFÍOS POLICIALES DE LA ALEMANIA DE WEIMAR. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

26.01.2026 16:02

              

               Tras la caída del régimen imperial, se proclamó en Alemania una república, la de Weimar, que tuvo que enfrentarse con notables dificultades. Conformada como un Estado de Derecho, bregó con importantes organizaciones criminales, las Ringvereine o Bandas del anillo, cuyo origen se remontaba a las agrupaciones de delincuentes comunes y presos de finales del siglo XIX. Aunque todos sus partícipes portaron el emblemático anillo, se diferenciaron varias bandas.

               Sin embargo, el mayor desafío para la policía de la flamante república fue la pretensión de distintas fuerzas políticas de instrumentalizarla, deseando militarizarla los nacionalistas de derechas, aprovechándose de su obediencia a las distintas autoridades estatales y municipales. La policía de Prusia disponía de unos 85.000 agentes para controlar a su población, el 60% de toda la de Alemania, y los socialdemócratas se esforzaron por transformarla en una fuerza democrática. Se nombraron nuevos jefes, se mejoró su formación y procedimientos policiales, y se hizo campaña para mejorar su imagen pública. A comienzos de los años veinte se enfrentó en el área berlinesa a dos terribles casos de asesinos en serie, los de los sádicos Grossmann y Schumann, autores de crímenes tremebundos.

               Tras la Gran Guerra Alemania padeció un momento particularmente crítico, con el retorno de los combatientes acostumbrados a la violencia y unas condiciones económicas espantosas. La tensión política subió de tono y la policía tomó cartas en el asunto, por mucho que se recurriera en más de una ocasión al ejército o a unidades paramilitares. Algunos caídos en reyertas callejeras, como el nazi Heinrich Bauschen, fueron elevados a la categoría de mártires políticos. Judíos como el profesor Lessing sufrieron ya la inquina nacional-socialista.

               El comportamiento juvenil también fue motivo de inquietud, lamentándose en la prensa de 1926 la depravación de los jóvenes desempleados. El asesino de niños y mujeres Peter Kürten, el Vampiro de Düsseldorf, terminó guillotina en 1931.

               El impacto de la Gran Depresión resultó brutal para la Alemania de Weimar, alimentando el desempleo y la mendicidad los delitos contra la propiedad, el tráfico de estupefacientes y la prostitución. La policía, incapaz de abordar las causas profundas del aumento de la delincuencia, se vio desbordada y criticada duramente. El radicalismo y la violencia política se recrudecieron, debilitando todavía más a las fuerzas policiales de la República.

               Entre los agentes de policía el nazismo no tuvo inicialmente gran seguimiento, pero las inclinaciones conservadoras de muchos los condujo a depositar su confianza en los nacional-socialistas. Sin embargo, el régimen dictatorial de Hitler no sólo no consiguió erradicar a las Bandas del anillo, sino que potenció la delincuencia política en un grado demencial.

             Para saber más.

               Christian Goeschel, "The Criminal Underworld in Weimar and Nazi Berlin”, History Workshop Journal, Vol. 75, n. 1, Oxford University Press, 2013, pp. 58-80.