LOS GRIEGOS, AUXILIARES IMPRESCINDIBLES DE LOS CONQUISTADORES ROMANOS DE OCCIDENTE. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

17.07.2026 10:33

             

              Los griegos fueron maestros de cartagineses y romanos, que se disputaron el dominio del Occidente mediterráneo en tres reñidas guerras.

              Los cartagineses ya se habían encarado con los griegos en Sicilia, imbuyéndose de muchos elementos de sus rivales. Durante la primera guerra con Roma (264-241 antes de Jesucristo), contrataron los servicios de Jantipo de Lacedemonia, que reorganizó las tropas púnicas al modo helénico. En el -255, en la batalla de Túnez, dispuso una línea de elefantes al frente y una formación de falange de infantería detrás, derrotando al ejército romano y capturando al cónsul Marco Atilio Régulo. Es de destacar que los ingenieros militares de Cartago tomaron de los griegos de la época helenística sus torres de asedio, sus catapultas de torsión y sus arietes cubiertos, perfeccionándolos. Además, Aníbal Barca contó posteriormente con el saber y la pericia propagandística de Sosilode de Ilión y Fileno de Agrigento para presentarse como el libertador de los griegos ante la barbarie romana.

              Roma, en consecuencia, no tuvo más remedio que adoptar el arte de la guerra helenístico para batir a su enemigo cartaginés. El general romano Escipión el Africano fue un estudioso de las campañas griegas y supo crear la táctica con la que venció a Aníbal en Zama en el -202.

              En este duelo por el dominio mediterráneo, los griegos del Occidente (los de Massalia o Emporion) se pusieron del lado romano, al ser viejos rivales de los fenicios. En la segunda guerra púnica, los massaliotas informaron a los romanos de los movimientos de Aníbal y facilitaron el desembarco en el -218 de los hermanos Escipión en Emporion, un punto de singular importancia estratégica y logística. Posteriormente, guiaron a Julio César en su conquista de las Galias, ofreciéndole sus conocimientos geográficos, sus redes comerciales y sus contactos políticos.

              Al ser un poder inicialmente terrestre, Roma tuvo que esforzarse en crear una armada capaz de batir a la de Cartago. La asistencia de Tarento, Locros, Regio, Siracusa o Massalia resultó crucial al dispensarle marinos experimentados, barcos rápidos de vigilancia y astilleros. Nunca los romanos hubieran considerado suyo el Mediterráneo sin la colaboración de los griegos, que también propagaron la idea de los romanos como protectores de la civilización y del comercio libre ante los bárbaros.

              Sin embargo, el destino de los griegos de Occidente no fue compartir las mieles del triunfo con Roma, sino su sometimiento. Si Siracusa fue saqueada por los romanos en el -212, Massalia terminó sometida por Julio César en el -49, en el transcurso de su enfrentamiento con Pompeyo.

              De todos modos, la colaboración en Occidente y la conquista romana del mundo griego ayudaron a conformar la identidad grecorromana, con elites fusionadas. Un aristócrata romano no era considerado bien formado de no hablar el griego con fluidez tras haber estudiado en Atenas o Rodas. Tras el edicto de Caracalla del 212 los griegos obtuvieron la plena ciudadanía romana, dejando de verse como súbditos. No obstante, el orgullo griego nunca desapareció, pues como sostuvo Horacio “la Grecia capturada capturó a su feroz vencedor e introdujo las artes en el rústico Lacio”, poniendo las bases del futuro imperio romano de Oriente o bizantino.

              La romanización de Occidente, en suma, no hubiera sido posible sin la helenización de Roma, al brindarle Grecia instrumentos de gestión tan valiosos con la burocratización, la sutileza diplomática, la cartografía científica o la ingeniería urbanística, por no hablar del prestigio cultural que ante iberos, galos o britanos tuvo la cultura helénica con el sello romano. Sin la sofisticación griega, es probable que la romanización hubiera sido más una ocupación militar que una asimilación cultural perdurable, capaz de moldear nuestro mundo, que hubiera sido distinto de haberse forjado bajo una síntesis grecopúnica.

              Para saber más.

              Aldo Cazzullo, Roma. El imperio infinito. Una nueva historia de la civilización que forjó Occidente, Madrid, 2004.